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29 Nov 2021 - 5:30 a. m.

Los intelectuales orgánicos

En la esfera de la influencia de cualquier partido político o núcleo generacional, por lo regular, hay un intelectual representativo —no tiene que ser un militante y a veces es inspirador de varias causas afines— que aporta su visión del mundo sobre las contradicciones del momento y las conecta con un horizonte viable o utópico —especie de brújula ideológica muy sutil— de lo que será el destino de un país o incluso del mundo. Lo sartreano, por ejemplo, permeó la sensibilidad francesa desde la posguerra con un ethos que tuvo su desenlace subliminal en las jornadas del mayo francés, que clausuró la atracción mesiánica de De Gaulle y la permisividad colectiva con el colonialismo. Por su lado, Simone de Beauvoir, compañera de Sartre, abrumó a la humanidad con ese manifiesto feminista que fue El segundo sexo. Y le alcanzó para espantar a las tías del oscurantismo en lo concerniente a lo que ahora se llama la “diversidad”, cuando dijo que “la humanidad es demasiado numerosa para que apenas haya dos sexos”. Bertrand Russell, matemático británico, autor del libro Por qué no soy cristiano, participaba en las manifestaciones estudiantiles londinenses de protesta contra la guerra del Vietnam. A la propia reina Isabel le tocaba ordenar el retiro del “Esmad” británico cuando el octogenario activista formaba parte de la primera línea. Ni estos legados fueron los únicos de estos pensadores ni ellos estuvieron solos en la aventura de enriquecer la imaginación de la especie humana.

A veces, esos libertarios no son filósofos propiamente dichos, sino escritores (Albert Camus), pintores (Andy Warhol), deportistas (Cassius Clay), músicos (John Lennon), cineastas (François Truffaut), etc., a partir de los cuales —y estoy aludiendo apenas a los años 60— se hicieron virales —desde mucho antes del internet— disensos que hicieron más noble a la sociedad mundial.

A lo mejor omito a alguien, pero la verdad es que sin Gabriel García Márquez y Rodolfo Llinás —en el renglón de las celebridades universales— nuestro siglo XX se hubiera ido en blanco.

Hoy en día y en lo nacional, con opción de globalizarse pues ya son universales, identifico personalidades que han trascendido, con su rigor, la medianía en la academia, la poesía, el teatro, la música, el cine, la literatura y el deporte; en política se da un solo caso, que tampoco voy a decir cuál es.

En cuanto al municipio que es Colombia, me resigno a la omnipresencia digital de tanta vulgaridad apeñuscada que me asalta como un residuo de viejas edades que siempre supuse que la tecnología dejaría atrás. ¡Qué ingenuo!, pues cuando me desperté, todavía estaban ahí con sus cuatrimotos, caballos, sombreros, tesis de maestría, aviones privados, mansiones y zonas francas la Marbelle, la Grisales, la Azcárate, la Cabal, la Jéssica, el Dangond, el De la Espriella, el Carlos Felipe, el Molano, los candidatos de la Experiencia —sobre todo el Fico—, y ya, suficiente. Viéndolo bien, Epa Colombia es una Angela Merkel.

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