Conozco el puente El Alambrado desde cuando se inauguró, hace 55 años. Ese puente todavía es tema diario —y ahora que se cayó lo debe ser más todavía— en Sevilla, mi pueblo, porque cuando comenzó a funcionar muchos paisanos míos le atribuyeron ser el causante de la soledad municipal, en tanto que los camiones de carga y los buses de pasajeros dejaron de pasar por ahí, prefiriendo, obviamente, la carretera por Zarzal —la misma de El Alambrado—, que les economizaba dos horas entre Cali y Bogotá. Algunos lugareños echaban de menos ese tráfico pesado que se limitaba a pasar la noche en el parque Uribe, donde los conductores consumían...
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