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Le fue bien a Petro en su visita a Trump. De no ser por ese viaje, estaríamos en un suspenso bélico parecido al de Venezuela antes del bombardeo del 3 de enero. Pero nuestro mandatario llamó a Trump para que conversaran. Así, conversadito, fueron saliendo las cosas. A Trump le bastó ese telefonazo para considerar “un honor” invitarlo a Washington. Ese primer contacto duró 45 minutos, y Petro alcanzó a impresionarlo con su labia, que fue comedida, no como lo esperaba Trump por el discurso ese con megáfono en una esquina de Nueva York. No señor, Petro le habló como en sus mejores días, y no como Trump lo intuía, como un “jefe del narcotráfico colombiano”. Y a las dos semanas estuvo en Washington, en principio para un lapso de media hora, pero no, nuestro presidente le salió elocuente –que eso se nota sin entender el idioma– y le explicó con plastilina dónde es que ponen las garzas en el asunto de la cocaína, desmintiéndole con sutileza las versiones capciosas que sobre él le transmitían los visitantes del Centro Democrático a Bernie Moreno, que le llegaban adulteradas. Y se acercaron a la hora, y siguieron de largo hasta alcanzar la hora y media y llegó el tema de Venezuela, y Petro ofreció sus buenos oficios para interceder en el tema del petróleo (?), y pare ahí, para no provocarle un ataque al anfitrión, y se atravesó el tema de Ecuador, que Petro aprovechó para inducirlo a que intercediera ante Novoa, logrando su asentimiento, y así caminando por la Casa Blanca, viendo a Lincoln en la galería de fotos de expresidentes, y distinguiendo la palabra “Liberty” como un símbolo dicho en voz alta, de pasada, hasta que se acabó la visita, no sin que el visitado les regalara a todos una cachucha de MAGA a la que Petro le agregó una S en la palabra América, pluralizándola: gran desplante de nuestro presidente, que a Trump le pareció un chiste. Un éxito no haberle sacado chispas a semejante tipo, por cualquier frase y, sobre todo, quitándole de la cabeza las cucarachas de que Colombia es un país de hampones. Hubo química entre ambos. Ya podían despedirse.
En Colombia, antes de la visita, la derecha mediática pronosticaba que Trump, Marco Rubio, J.D. Vance y Bernie Moreno, aprovecharían que a Petro lo tenían a la mano y que lo agarrarían para vestirlo de anaranjado y esposarlo de una vez. Algo así como que había ido a entregarse allá. También, que le exigirían a Petro nombrar de candidato a Roy Barreras y darle un codazo a Iván Cepeda. Pero eso no ocurrió, sino que Roy se aprovechó de que a Cepeda le impidió el CNE participar en la consulta, lo que lo obligaba a saltársela y llegar de una vez a las primarias. Se perdió, pues, de derrotar a Roy en la consulta y le va a tocar partir los votos con él en la primera vuelta. Roy hizo por su cuenta lo que la derecha esperaba que Trump le ordenara a Petro. Les hizo el mandado a los del Centro Democrático, mejor dicho.
Según Daniel García-Peña –nuestro embajador–, le oyó decir a Trump que él creía que Moreno era italo-americano. Este tipo, que prescindió de su nacionalidad colombiana, mejor lo haría allá por la Meloni, y no por su expatria.
Temas intocables: lo de las lanchas con pescadores, lo de Maduro y Cilia, lo de Minnesota, lo de Cuba, lo de Epstein, etc. No se trataba de que Trump terminara la visita llamando al ICE. Un día de estos pasa.
