Desde que se posesionó ADLE -no va de eso ni siquiera dos meses-, no pasa semana sin que el presidente nos ofrezca un suceso amargo, algunos de ellos escalofriantes. Siendo exactos, no es semanal la frecuencia, sino casi que diaria. No hay que establecer una cronología para los diversos episodios, pues casi que se amontonan, así que los iré citando no en orden sino por similitud, trátese de afectados que formaban parte de su gobierno o simplemente de empresas afines a este, a las que ADLE presionó para que los echaran:
Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo, periodistas de Mañanas Blu. La primera, por ser libérrima en su concepto adverso a ADLE. La segunda, por comparar el festejo de la victoria de ADLE con las celebraciones de la mafia cuando hacía un "corone". Vladdo, ingenioso caricaturista, quien por dibujar un ADLE naturalista, monstruoso, amaneció en el andén de RCN. Luz María Sierra, directora de El Colombiano por cinco años, quien por escribir un editorial contra ADLE a causa de su caminada criminal por entre cadáveres de las disidencias, la pusieron de patitas en la calle. Carolina Soto, presidenta de la Cámara Colombiana de Infraestructura por dos días, y debe la brevedad de su cargo a que ADLE cayó en cuenta tarde de que era la esposa de Alejandro Gaviria. Ricardo Valencia duró tres semanas como director del DANE, y fue destituido por ADLE por decir que no hubo anomalías en esa dependencia durante el gobierno Petro. Carlos Sepúlveda fue el jefe de Planeación Nacional, hasta que ADLE, amigo suyo, supo que estaba casado con un hombre y que tenían un hijo. Bruce Mac Master fue presidente de la ANDI por 13 años, y ADLE lo hizo repudiar por su gremio, bajo chantaje, haciéndolo renunciar. A César López, el de la "escopetarra", quien tenía un concierto en Colsubsidio, con más de cien artistas, le desbarató el evento, me imagino que asustando con represalias a los administradores del teatro.
Otros casos:
No le preocupó a ADLE que Andrés Rojas fuera el único negociador de la "Paz total" que había cumplido, devolviendo toneladas y desmovilizando 99 hombres, y aún así lo extraditó. Fue un espectáculo oprobioso su entrega a la Interpol y a la DEA: lo llamó "alimaña", le recordó su "patria milagro" y su "Cristo Rey" y lo despachó en las escalerillas de "Dea Airlines".
A David Murcia Guzmán, que hizo rico a ADLE a cambio de nada, lo cambió de cárcel, de La Picota a la cárcel de alta seguridad de Girón, por haber contado que en tiempos en que fue su abogado, le robó COP 760 millones. Por aparte, obvio, de los cinco mil millones con que se quedó por no cumplir su defensa.
A Juan Guillermo Monsalve -el único testigo contra Uribe por las masacres de El Aro y La Granja y el crimen de Jesús María Valle-, lo trasladó ADLE, de la noche a la mañana, de la Picota a la cárcel de Cómbita. De esta última había sido trasladado a La Picota, por orden de la Corte Suprema, a causa de un atentado que lo tuvo al borde la muerte. Viva Cristo Rey.
ADLE me ha vuelto a hacer creer en la palabra maldad. Y le tengo miedo, lo confieso. Aunque más miedo siento por la plata que doña Ana Lucía Pineda colectó para las víctimas del terremoto, y de la que no volvió a saberse.