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A la vista de todos

Lorenzo Madrigal

26 de septiembre de 2021 - 11:59 p. m.

Así, “a la vista de todos, sin disfraces, junto al camino”, como describe el poeta a los sauces llorosos, “que no aciertan a ser símbolo de una esperanza audaz”, así, sin disimulos, la gente ha visto cómo le han birlado la candidatura presidencial al postulante, el único muy popular de centro, Sergio Fajardo, fresco y desprevenido exgobernador de Antioquia.

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Atravieso a cada paso los versos de De Roux (y no me refiero al politólogo y muy estimado padre Pacho) porque me bailan en la cabeza, con algunos otros, en un mundillo de paisajes mentales. Ténganme paciencia.

En las primeras mediciones presidenciales, este Sergio aventajaba al precandidato de la izquierda autocrática, Gustavo Petro, en una definición tête à tête. ¡Quién dijo miedo! Había que destruirlo, no dejarlo llegar, enemigos jurados tenía, conseguidos en el propio ejercicio de la gobernación. Bastaba con elevar las quejas ante las autoridades judiciales, a lo cual ayudaba la demora y la catástrofe anunciada de la represa de Ituango. Este hombre había estado en las juntas relacionadas con algo que a su llegada al poder administrativo ya estaba en marcha. Un profesor nebuloso de matemáticas puras dando juicios de valor sobre ingenierías pragmáticas, profundas y de ejecución inmediata. Era la hora de las tinieblas y de sus enemigos políticos.

Foto: Héctor Osuna

A una Fiscalía prouribista y luego a una Contraloría de parecido estilo llegó el caso del profesor y gobernante distraído, de aspecto juvenil y cauda electoral numerosa. Pronto y oportunamente para hacerle el daño político, decisiones judiciales que excepcionalmente no cojearon, lo fueron sacando del juego electoral. En tiempos de turbia corrupción, este singular caso de desafortunados errores técnicos, a mi juicio inimputables al gobernador político, el daño le fue hecho por ilación con casos similares, pero totalmente distintos. Entrar en aclaraciones para el grueso público es esfuerzo inútil cuando el daño se causa con la sola acusación, lo que muy bien conocen y aprovechan en ventaja los acusadores.

Todos vimos, como se muestra el árbol sobre el camino, la manera como este hombre moderno, aceptado por el gran público, no necesariamente el más llamado a ejercer el gobierno nacional, fue quedando abandonado de su caudal electoral, lastimado por ajetreos judiciales. ¡Ah, la justicia política!

Queda Petro, punteando, sin mucha fuerza en sí mismo, pero sí a distancia de un cardumen de aspirantes de centro, entre otros el ex rector Alejandro Gaviria, quien entra a jugar sin rating y a quien no demoran en hacerle el daño, que no se le hace a personajes amnistiados, autores o cohonestadores de lo peor.

***

Es difícil impedir que ganen los malos cuando son más que los buenos, a juicio del Romancero.

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