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Ahí están los nombres

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Lorenzo Madrigal
12 de julio de 2021 - 03:00 a. m.
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Hay revoloteo de aspirantes presidenciales: por la izquierda, el centro, la derecha, qué sé yo. De la Calle no deja de hablar de su candidatura, fue el primero. Últimamente Cristo. Fajardo muestra un saludable sentido del humor cuando imita a Petro con su “Alocución al país en pleno” y se desternilla sobre la mesa. La senadora Cabal, no hay por qué olvidarla. Peñalosa echa a andar sin reatos su propia candidatura sobre los rieles del metro, su metro aéreo. Y resurge Óscar Iván, otro Iván.

Menos mal comienza gran forcejeo político. Petro no puede ser lo único que se mire en perspectiva; mucha gente se percibe aterrada con este 9 de abril prolongado y programado que acoquinó a los más; nadie, salvo Duque, ya curtido, se atreve a opinar contra el paro, sobre todo contra la protesta violenta, la de los bloqueos y los incendios y el transporte paralizado.

Ahí están los nombres
Foto: Héctor Osuna

Ahí está la candidatura de Robledo, con su doble versión. La versión mujer, ilustre precandidata sancionada por doble militancia, y la versión hombre con el gran Jorge Enrique Robledo, el de sapiente madurez y totalmente anti-Petro. La propia alcaldesa no es candidata ni puede serlo, pero vive en constante acción política y a quien ya nadie se atreve a amonestar, bajo los nuevos dictados de la CIDH. Y Roy es uno más, ¿Roy?

Que haya muchos aspirantes es normal. Recuerdo una caricatura de Lisandro Serrano, magnífico dibujante de hace años, en que alguien saluda a una multitud: “Señores candidatos a la Presidencia de la República”.

Muchas posibilidades se van perdiendo a diario. Mucho Nicanor Restrepo que fallece y ha pasado antes al archivo de presidenciables. Pero si el asunto ahora es de revuelta, de absoluta confusión, de ingobernables multitudes, en todo caso provocadas, atizadas, incendiadas por el odio —y es curioso, porque las juventudes no odian, ni tontas que fueran para destruir la vida que les ofrecen sus tejidos nuevos—, si las cosas siguen por mal camino, si no se ven en el futuro próximo elecciones pacíficas ni escrutinios posibles, entre insultos y destrucción de los bienes que son de todos, hay un agua de pasiflora, hay tal vez un sosiego esperanzador, porque esto va para largo.

Hay acaso dos personajes, hoy por hoy acogidos a la inestable paz de Santos, que por conseguirla hubo de violarse la Carta Política, se estafó a Europa, se birló la voluntad popular, pero se volvió realidad incuestionable. Ellos valen por sí mismos, son del mundo extraterrestre de la antipolítica, halan para la izquierda, pero llegarían a ser posibles en el maremágnum convulsionado, si el Santo Padre lo autoriza, porque sería necesario su plácet. Son dos, de algún modo ecuánimes, Francisco (Pacho) de Roux e Íngrid Betancourt, altamente calificados. Presidencia y Vicepresidencia, en el orden que se quiera. Ahí están los nombres.

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