Antes de entrar en materia, quiero decir que esta sencilla expresión, “Ahí vamos”, no es tan poca cosa. Podría decir que indica un momento sublime de la creación del mundo, por cuanto es el momento en que vamos. Culmen de una larguísima historia, desde el Big Bang hasta este, nuestro día y hora. El avión que pasa (cultivo el avistamiento de aviones), del que me sorprendo que pueda sostenerse, es por hoy una gran conquista de la técnica del volar, que nos enseñaban, desde los tiempos de Ícaro, las mariposas. Hazañas inmensas, aún mayores en la ciencia y en la conducta social, las ha habido y habrá. Y, pues, ahí vamos.
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Puesto en los términos de hoy y al tenor de los hechos políticos vamos en que el expresidente Gaviria no es ya el anfitrión que recibe a Petro en su mansión, cuando este trató de buscar respaldo, sino el que ve a su Partido Liberal (el grande de antaño) en el círculo del ganador, en la categoría un tanto menor de ministros o de parlamentarios dispuestos.
Sorprende aún más que el reducto de lo que fuera el Partido Conservador haya optado, sin demoras, por el gobierno naciente o en luna de miel, no importándole su ideología. Ni el desprecio que infieren los recién llegados a su veterano director.
Qué decir del desconcertante excandidato Rodolfo Hernández, quien aparte de plegarse a su rival —en gesto de nobleza— se ha creído que el caudal de votos por su nombre le confiere una segura propiedad política. Muchos pensamos, sin embargo, que tales votos no fueron tanto por el veleidoso ingeniero como en contra del candidato de extrema, que hoy tiene cautivos a los más tradicionales jefes de la política nacional.
La derrota para algunos no es la de haber perdido la opción por su candidato (si bien el ingeniero hubiera sido igualmente desastroso), sino perder a compañeros de causa que han corrido a batirle palmas al césar que hace plaza arrastrado por la fuerza de un auriga conocido, oportunista o digamos que experto en carruajes.
En la “Redacción al Desnudo”, sección digital de este diario, el director, quien no está por desautorizarnos, nos ha dejado in puribus a unos pocos columnistas que discrepamos del entusiasmo de otros por la candidatura de Petro. ¿Qué ha hecho el director? Nada malo. Nos ha mostrado como prueba de tolerancia y pluralismo ideológico, que nadie le puede negar, en momentos en que a algunos lectores les ha parecido que el cartel de publicidad en la primera página de este diario, con un Petro esplendoroso, era ya una saturación de petrismo. A este servidor eso pudo dolerle, pero no le incumbe: sus escritos no son tocados y sus dibujos menos, ni lo han sido por años. En cuanto a sus convicciones, sigue creyendo que Colombia era la pieza que faltaba en el tablero de la extrema izquierda en América y la hemos entregado. (Se escuchan sollozos).