Publicidad
13 Sep 2021 - 3:00 a. m.

Al señor lector

Lorenzo Madrigal

Debo ocuparme de un lector*, ajeno a la red y que escribe con tal amabilidad y cordura que obliga. Me encima, además, elogios finales, y no es sólo por ello que quisiera aclararle algunas cosas.

En la parte de acerba crítica me cubre con aquello de enemigo de la paz. Nadie es enemigo de la paz, pero el gobierno anterior a sus opositores nos cobijó con ese ensalmo, que, a modo de chantaje, se expresaba así: si no éramos partidarios de sus dislates constitucionales, éramos enemigos de la paz, de los sanatorios vacíos, de la juventud a salvo. Insulto tácito contra nuestra libertad de crítica a una administración que ocupó ocho años abusivos de historia.

Y no soy enemigo de Santos, casi soy su amigo; recíprocas atenciones nos hemos hecho. Y a propósito de clínicas menos ocupadas, gracias a la paz sobreviniente, me azota en la cabeza un recuerdo fatal, de algo realmente vivido en el Hospital Militar, aunque en otra época. Me hallé en uno de los halls del sanatorio, al sol de la tarde y tenía delante de mí un sofá ocupado, al que miraba por su parte posterior.

Al señor lector
Foto: Héctor Osuna

Visto el tal canapé al revés, yo alcanzaba a divisar dos bonitas cabezas de jóvenes, hombre y mujer, en evidente trasunto amoroso. La envidia circuló por mis venas o no sé si la nostalgia de lo que ya no me tocaba. Quise acomodarme mejor por retirarme del rayo del sol (el Militar es una sola vidriera) y resulté en frente de la aparente feliz pareja: el jovencito, un seguro soldado de nuestro ejército, era mutilado de sus piernas.

Claro, amigo lector, que soy sensible a la guerra y a la paz. Mi alegato ha tenido el énfasis constitucional. Si el plebiscito es una consulta al pueblo y su parecer se determina por la llamada mitad más uno de determinados votantes, es porque así lo estatuye el constituyente. O sobraría la Carta. Y en esta ocasión la pregunta se la hizo al pueblo el propio mandatario, y el pueblo, para usted supuesto pueblo, se la negó.

Opinión que fue burlada y que significaba que la propuesta de paz tenía fallas que debían modificarse. Nada en derecho sustituye una decisión plebiscitaria. El origen de las dictaduras está en imaginar que el pueblo quiere lo que el dictador pretende. Chasco de comprobación la que tuvo el amigo Santos, pero sus consejeros le dijeron que había que pasar por encima del voto popular. Y si alguien se oponía sería enemigo de la paz.

***

De nuevo gracias, amigo, por sus elogios a mis otros trabajos periodísticos. En ellos creo haber expresado lo mismo, pero entiendo que el tono de humor y la simpatía de lo gráfico se ganan la aceptación. Tampoco falta quien considere hirientes los dibujos que no encajan con sus afinidades políticas.

* Donaldo Mendoza

Síguenos en Google Noticias

Temas relacionados

Plebiscito