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Nostálgicas bellezas de ahora tiempos, que, revividos por las telenovelas, cautivan a los asimismo nostálgicos televidentes. Unos seriados los escogen mejor que otros.
A la mayoría del público no le importan: total, son vejestorios que solamente sirven para ambientar una época, automóviles de antes, de aquellos que sí podían circular por las ciudades.
En El doctor Mata han aparecido alguna joyas, con ligeros deterioros que hubieran podido arreglarse antes de caer bajo la mirada de los cultores del pasado en ruedas, como este servidor de ustedes (a su mandar).
Alcanzo a ver el baúl de un Chevrolet al que no le ajusta la tapa; una dama que cierra mal y el coche arranca con la portezuela entreabierta. Yo habría gritado: ¡corten! Todos, desgraciadamente todos, padeciendo de la rueda delantera izquierda escualizada, por defecto del cámber y con las manijas caídas, en su mayoría.
El propio Buenaventura Nepomuceno anda en un Buick, modelo 48, rojo, color que sólo se usaba, para la época, en el cuerpo de bomberos. Divino el Packard 39 —tal vez, el de Lorencita Villegas—, aunque con el problemita del cámber.
Pero son bellos y los muestran lustrosos. Me emocionó el Ford 37, muy familiar, si bien con faros delanteros de unidad y cocuyos de Escarabajo. Me divierto escudriñándolos, aunque a veces la imagen fílmica se rueda fugazmente para disimular imperfecciones. No así los interiores de las casas, capítulo aparte, que son, a mi juicio, exquisitos referentes de la decoración de los cuarenta.
Con frivolidad de niño (bueno, los niños no son frívolos; son niños) rememoro aquello de bajarse de un Lincoln Zephyr o Continental, de puertas frontales y diseño alargado. ¡Oh!, expresión aprendida de un vivaz amigo, el radial Juan Pablo Calvás.
Qué armonioso se percibía el ruido de los motores en el interior de un Chevrolet o de un Cadillac, con la amortiguación que hoy no se tiene y que acolchaba la vía, aun tratándose de los autos más sencillos, como fueron los Ford del pasado.
Época en que los más pobres no siempre contábamos con un carro en casa, pero usábamos los de alquiler, que nunca fueron, como en las telenovelas, de gama alta; pienso que hoy son los únicos que los productores encuentran en buen estado, aunque impresiona ver en pantalla a todo un devorador de gasolina, con emblema de taxi.
Casi resignado a la alta dosis de criminalidad de las telenovelas, ésta de Nepomuceno Matallana me interesó por memoriosa. Del doctor Mata tuve ecos en mi infancia, si bien no lo recuerdo tan encumbrado como se lo pinta en la serie. Por supuesto, que se trata de un documental historiado, no histórico, y es el resultado de un gran esfuerzo de producción, con la calidad de Sergio Cabrera. Las evocadoras imágenes, así como la magnífica actuación de Enrique Carriazo, me han parecido dignas de verse.
