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Cada reforma, un proceso

Lorenzo Madrigal

26 de marzo de 2023 - 09:05 p. m.

Y una procesión. Hay que haber visto el proceso y la procesión que motivó en días pasados la radicación de la reforma laboral. Luces multicolores sobre la columnata de la Casa de Nariño, guardia presidencial en vestuario patriota, cámaras, silletas Rimax, la ministra Ramírez siempre risueña, un tanto azorada, y el presidente Petro, como acostumbra, ausente o llegando tarde al ceremonial, de regreso de Medellín, donde andaba en jolgorios de gobierno con el alcalde Quintero.

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Buena esa. Discursos, no muy bien leídos por la sonreída ministra (ella no tiene perfil para comunista), y un mamotreto, que no podía faltar, como simulacro de un gran libro con el texto magnífico de la reforma laboral, que este Gobierno introduce para estremecimiento de empresarios y, cómo negarlo, para justicia social con la abnegada población laboral (“fecunda horda que llena el mundo de vencidos”, según Anarkos, de Valencia; hay que citar a alguien y la poesía es mi mejor amiga).

Foto: Héctor Osuna

En algunas cosas, aparte de sus estrafalarios discursos y sus balcones incendiarios, Petro es iluminado. Los horarios laborales, por ejemplo, donde las ciudades mal organizadas cubren distancias en larguísimas horas de ida y regreso, la remuneración que siempre reclama ser más justa y la vida familiar tener mayor espacio y disfrute. Esto coincide con lo de “vivir sabroso” de la vicepresidenta, aunque ella misma dañó su dicho simplón aclarando que se trataba de pasar sabroso ella y su compañero, sin invitar a nadie más. Defendía, ofuscada, su uso de los Black Hawk.

Vamos en el espectáculo de presentación que van teniendo las reformas de este Gobierno de izquierda, que a decir de su jefe “no se dejará arrodillar”. O sea, van cumpliendo lo que prometen, no importa si en el camino engañan a sus interlocutores. Pasó con el fiscal general, convertido —porque le llegó su hora— en el defensor de la democracia, cuando Petro una cosa le dijo sobre excarcelación de delincuentes y otra, muy otra, le interpretaron, haciendo un guiño, sus ministros.

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Algo o mucho tiene de ridículo el traslado del mamotreto aquel con el proyecto reformatorio, llevado a cuestas por la ministra, ayudada a ratos por el presidente de la Cámara, David Racero, cireneo para la ocasión. A lado y lado, los impasibles y pesados líderes sindicales, representantes de una parte de la fuerza laboral, mas no de toda y menos de la informal. La procesión, anterior a la Semana Santa, semanas antes, culminaría en el Capitolio, donde en papel corriente y en tamaño real, esperamos, debió radicarse el proyecto, que muy posiblemente espantará el empleo, pero, ya lo hemos dicho, hará más justa la dura vida laboral. Esto, por supuesto, hay que abonárselo al gigantesco libro de exhibición. Y al muy largo discurso del desarreglado funcionario que llegó tarde al ceremonial.

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