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Como si fuera democracia

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Lorenzo Madrigal
12 de diciembre de 2022 - 05:30 a. m.
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Se percibe una calma chicha (término náutico), menos mal que en Navidad. Si lo sabremos quienes hemos sido, sin pretensiones, críticos. Y el natural se nos da para ello; lo somos, a veces justos y seguramente injustos, pero estos tiempos no crispados no los reconocemos como auténticos. Son falsos, son postizos, porque, como dice el tocayo “Hétor” de mi querida Nieves, esto se va a poner peor.

Un presidente mal arreglado, candidato que fue, recientemente, temor y terror de los demócratas, se muestra ahora pluralista, comprensivo, confiado, amigable con la naturaleza, con la paz política, con la armonía social y la convivencia. ¿A quién criticar? No a él, por cierto, al anterior y a quienes siguen secundándolo, inconformes con el de hoy.

Lo de mal arreglado es un reparo de menor cuantía. Es por democracia el dueño del poder, de inmensa respetabilidad; no se le cuestiona a él su peculiar estilo personal; si acaso, a su ropero, a su peluquero, para decirlo en términos reales, a su ayudante de cámara.

La Colombia presidencial se acostumbró a la estatura imponente de Olaya, a la elegancia londinense de los López, a la austeridad sin carnes de Lleras Camargo y a los blondos cabellos grises de Ospina Pérez, los cuales imponían al interlocutor un cierto encogimiento reverencial. Ahora se la quiere matricular en el populismo más raizal, en la igualdad entre el personaje y el pueblo hasta “el abrazo de la mujer pobre” que, según lo ha dicho, seduce al actual mandatario.

No sé todo esto cuánto vaya a durar. Por el momento se muestra de aparente derecha cuando les reclama por los derechos humanos a los dictadores vecinos; hoy promete no atornillarse en el mando; la normalidad es, pues, la gracia y la sencillez campea en la palaciega Casa de Nariño, tan desolada y opaca.

Esa casa no tiene vida y sí recovecos. Fotos o acetatos de ocasión no van con las paredes de lo que no es un apartamento privado de un líder de izquierda y su vistosa señora. Un modesto dibujo del galeón descubierto tampoco vale como gran reliquia; Gustavo Petro no está a gusto en ese espacio, para el que no pareciera tener hojas de vida —un término de María Isabel Rueda usado para otro personaje—, aunque para el puesto sí que las tiene pues no se tiene a menos su condición ni sus capacidades. Tal vez su estilo comparativo mira al gran Pepe Mujica, al que es evidente que en buena hora trata de imitar.

Como si fuera democracia
Foto: Héctor Osuna

El candidato de extrema que fue se deja ver en los dictámenes de absolución por desafueros de las protestas que lindaron con la criminalidad, lo que es intromisión en la justicia. Lo mismo se diga en el desparpajo con el que desafía protocolos solemnes. Curiosamente ha manifestado respeto o, mejor, amistad personal con figuras eclesiásticas, las cuales siempre están dispuestas a allegarse al poder. El dictador asoma.

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