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Lorenzo Madrigal
23 de octubre de 2023 - 02:00 a. m.
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Atenidos al sentido de cooptar las instituciones, esto significa ampararse en ellas proveyendo a sus miembros de modo que no venga daño de las mismas. Lo acostumbran los gobiernos y de manera especial, para prevalecer en el poder, los gobiernos socialistas.

Siento nombrar como ejemplo a un hombre de leyes como el muy ilustre don Vladimir Fernández, presentado por el Gobierno y elegido por el Congreso para la Corte Constitucional. Hombre, sin duda, con las calidades requeridas para el alto cargo, pero avalado por su inequívoca procedencia, ya que al parecer ha sido escogido a modo de garantía para cuando se debatan en las salas judiciales los argumentos y las posturas oficiales. No que un novel magistrado de las calidades de Fernández se acomode a adaptar sus principios a los avatares del cambio, pero evidencia la intención de lo que se busca con la corruptela de acomodación del Ejecutivo a las caudinas horcas de la justicia. Como quien dice, para romper el juego de pesos y contrapesos.

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Foto: Héctor Osuna

Dicho así, uno se pregunta qué tanto podrá opinar con libertad quien ha conocido de antemano o acaso prefabricado los proyectos transformadores que lleguen a las salas constitucionales. Serán, por supuesto, asuntos déjà vu para el togado y muy posiblemente desechados de su consideración por impedimento. Es claro que el origen de esta confusa maraña está en las propias leyes que regulan nombramientos en cargos, con injerencia oficial.

En términos políticos se ha visto cómo el gobernante socialista, ansioso de parecer democrático, apela a todas las instituciones preestablecidas, solo que modificadas lenta y pausadamente por el insidioso Ejecutivo con elementos a su favor. En la Venezuela de Chávez o de Maduro no quedó viva instancia alguna con poder de confrontar al gobernante. Hasta los diputados de la Asamblea salieron a perderse y asilarse luego de ser destituidos debidamente, como llegó a ser propio del régimen. El entonces alcalde de Caracas y muy ilustre exprecandidato Antonio Ledezma padeció una peculiar manera de ser defenestrado, al estilo chavista, cual fue la de ver suprimidas sencillamente sus funciones. Fue luego acogido en nuestro país por el expresidente Andrés Pastrana, refugio moral de demócratas.

***

Quiero hacer dos preguntas, aprovechando la paciencia de los lectores, a lo mejor igualmente curiosos: una es qué hace un presidente más de cuatro días por fuera de la agenda pública, “perdido”, como ya es una simpática costumbre.

Con todo respeto, formulo otra inquietud, a propósito de la muy lamentable desaparición del maestro Fernando Botero: pregunta, pregunta (al modo de Sábados Felicitos): ¿qué contenía el féretro aerotransportado del célebre artista, puesto que fue viajero de varias ciudades, nunca descubierto para su veneración?

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