Una en Canal Capital, a cargo de Ariel Ávila, quien le formula preguntas al candidato Sergio Fajardo. Muy comedido en su forma el gran periodista, muy difusas las elegantes respuestas del exgobernador. Sobra advertir que ocurrió antes de que a éste la Fiscalía General de la Nación le desatara tremenda imputación, capaz de desarticular su aspiración presidencial.
La otra entrevista, que me tuvo absorto una mañana de la semana pasada, fue en la W Radio, conducida por Julio Sánchez y la corte de sus tremendos interrogadores, la que tuvo por víctima interrogada, a pleno fuego radial, al hijo mayor del expresidente Uribe, Tomás Uribe Moreno, quien funge como precandidato presidencial desde los días de la remodelación intimidante y cortacabezas de la revista Semana.
Tras los hechos de estos últimos días, en plena Semana Santa, en que ha irrumpido la Fiscalía del doctor Barbosa en el juego de las precandidaturas presidenciales, borroneando la plana y casi que descartando al principal de los que suenan, se llega a pensar que imputación tan tardía (ocho años luego de los hechos punibles) tiene un evidente sesgo político.
La polarización del país y la contienda se hallan en su furor extremo. La paz condecorada de Santos ha desembocado en ello. De ahí que, a mi parecer, todo tenga ahora un sesgo. También las entrevistas y por supuesto los medios que se proclaman neutrales.
Yo concateno los dos botafuegos de que me ocupo. Uno, el radial de estupendas preguntas y muy ágiles respuestas, que destapó la precandidatura del primogénito, pese a las negaciones acostumbradas. En mi opinión, la continuidad de Uribe, el mayor, por medio del nepotismo, es un suicidio político del movimiento Centro Democrático y a la vez reconstituyente para la opción de Gustavo Petro, constituido en franca amenaza de extrema izquierda de duración indefinida.
Por su parte la frialdad manifiesta de Fajardo y su rechazo al gobierno de Duque, inducido por el interrogador, en el programa Mesa Capital, de sesgo izquierdista, acabó de enfriar el afecto, si alguna vez lo tuvo, del centro uribista hacia Fajardo. Y así como el candidato antioqueño contestó que no quisiera creer que el contralor Córdoba esté ensañado en su contra, en el caso Hidroituango, de igual modo este columnista tampoco quisiera pensar que el fiscal Barbosa cumple una misión al anular al más posible presidente del 22, que le cerraría toda posibilidad a uno de extracción puramente uribista o, quizás, al propio hijo del jefe máximo.
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A propósito del contrato de Fajardo: se contrató en pesos frente al dólar y se paga en pesos frente al dólar, que rige toda la economía. Nadie hubiera hecho un préstamo en sólo pesos devaluables y una aseguradora de fluctuaciones cambiarias cobraría en reciprocidad.