El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

El honrado y el de carácter

Lorenzo Madrigal

14 de junio de 2009 - 05:43 p. m.

TAN DIFÍCIL COMO LE PARECÍA A DIÓgenes hallar a un hombre honrado, con su linternilla, lo es dar con quien sea hombre (vamos, o mujer) de carácter. Esto es, topar al honrado capaz de serlo consigo mismo. Encontrar a este espécimen es simultáneo con hacerlo nuestro personaje inolvidable, como se decía en el Digest, esa vieja publicación de mesas de noche. Pero, ojo, “inolvidable” era la palabra en Selecciones, no “predilecto”.

PUBLICIDAD

Así recordamos a algunos de estos hazañosos, no tanto por lo que hicieron cuanto por su temple, por lo indomable de su espíritu. Porque es de la naturaleza humana amoldarse a circunstancias, en especial, acomodarse al poder, toda vez que no implica ningún esfuerzo querer con la voluntad ajena.

La oposición es el desierto. Los profesionales de la política pierden mucho de lo logrado si rompen con el poder; de hecho, perjudican a sus seguidores más cercanos, que esperan ser retribuidos. Mejor les va si permanecen en cierta indefinición, acaso con escoltas y autos oficiales o simplemente disfrutando de los salones cálidos de las casas de gobierno, bajo el relampagueo de las arañas. Y a la sombra del “caudillo elegante”, del que habla el constitucionalista gringo Stephen Holmes. Parecido a Putin, menudo elogio en materia de elegancia.

El asunto es seguir sin pensarlo al que lleva las de ganar; apropiarle argumentos aplicables a su permanencia, ilustrarle su camino con toques de cultura literaria, propia o de enciclopedias electrónicas, consultadas al efecto.

El carácter, por supuesto, no está sólo en los que se oponen, también se da en los que, estando en la cima, afrontan tempestades. Donde falta definitivamente es en los seguidores acomodados, en los del transfuguismo, por ejemplo, ese salto político que va a permitirse. Éstos correrán al partido del poder, así sacrifiquen ideales democráticos, a cambio de la seguridad de sus intereses, que van mejor con la corriente.

***

Aparte. En tiempos de Lucho, recuerdo haber dejado una apostilla, a propósito de la carrera trece de Bogotá, herida por una ciclorruta que atropella señoras con paquetes; mermada en uno de sus carriles y enredada con las viejas señales. Veinte años sin un retoque fundamental, el piso era una colcha de retazos. Quizás fue coincidencia, pero ocho días después se desperezaron y desplegaron obras en esa vía chapineruna. Gracias, Lucho.

Hoy me mueve la calle sesenta, entre carreras séptima y trece. Por Dios. Se abrió un poderoso boquete longitudinal para no sé qué arreglos en los ductos del subsuelo y de cualquier manera se cerró. Mírenlo hoy. Es una canoa la columna vertebral de esta populosa calle. Samuel, Samuel , ¿los parcheos no tienen interventores?

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.