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En el país de las maravillas

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Lorenzo Madrigal
08 de febrero de 2021 - 03:00 a. m.
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Alicia, Alicia Arango, es una importante mujer, bien conocida como brazo derecho del expresidente Uribe y cuyo nombramiento en el actual Gobierno, como ministra del Trabajo y del Interior, se debió, sin duda, a insinuación de su jefe o a complacencia del mandatario con su líder político. Son decisiones compartidas y todo el mundo las ve así.

La Carta Política no le prohíbe al funcionario que nombre a sus amigos, a sus mentores o a quienes le son recomendados. Algunos periodistas notables lo han expresado sin escrúpulos: “Se gobierna con los amigos”. Está muerto el colega que lo decía con desenfado, durante el gobierno de Samper. La cercanía o el amiguismo no están restringidos o limitados siquiera en las leyes, salvo, claro está, tratándose de testimonio o de confesión judicial.

El que iba a ser el tercer gobierno de Álvaro Uribe, esto es, cuando resultó elegido haciendo uso de su electorado Juan Manuel Santos, no lo fue por lo que muchos consideraron la traición de este a quien fuera su impulsor electoral y por quien pudo llegar al poder. Desde el primer nombramiento de ministros, el impulsor del nuevo gobierno, trinó implacable y el rompimiento fue un hecho cuando el elegido propició una negociación de paz, que, aún hoy, sobrecoge a quienes han podido ver las atrocidades y hasta el magnicidio para los cuales se pactaron amnistías e indultos.

En el país de las maravillas
Foto: Lorenzo Madrigal

Si el gobierno de amigos es práctica inevitable en cualquier ejercicio político, no agrada verlo; mejor fuera el desempeño abierto del poder, con oportunidades por méritos. Pero si un grupo ha luchado a brazo partido por una causa y esta se impone legítimamente, es imposible evitar que la representen y ejerzan los que la lucharon, aunque en el poder de toda una nación, en cuanto deber ser, no han de cerrarse las oportunidades para todos.

Y se viene cerrando el círculo de amigos dentro del presente Gobierno y entre este y los que deben controlarlo. Fiscalía, Procuraduría, Defensoría y hasta la codirección del Banco de la República están siendo cooptados, con la designación ahora de una hija de Alicia Arango (otra vez, Alicia), posiblemente una economista de muchos méritos, pero con sorprendente salto de canguro a tan alta posición, reservada para expertos.

Si todo esto cobija la intención de perpetuar el feudo uribista en la persona del hijo del expresidente, la consolidación del nepotismo y el bastión de amigos dejaría al que ha sido un inocente mandato, enfrentado a la pandemia, convertido en una tercera o cuarta administración de quien pretende emular al presidente de El Cabrero, que proclamó Constitución desde los balcones del palacio presidencial, la que perduró por más de cien años.

Ni rebeldía, ni traición, pero tampoco sumisión abnegada a un poder más alto del que fue constituido por legítima elección popular.

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