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29 Nov 2021 - 5:30 a. m.

Estudien, vagos

Algo así debe decirles la excandidata presidencial María Fernanda Cabal, recién derrotada en elección interna de su partido, a sus colegas parlamentarios cuando los ve plagiando tesis de grado de importantes universidades para acreditarse como ilustrados políticos. No es de ahora, eso ha pasado ya varias veces y un sello de incompetencia les ha quedado grabado en sus hojas de vida.

Indigna a muchos que hacen grandes esfuerzos familiares para que sus hijos cursen estudios superiores (están exageradamente caras las universidades) y aun a los que gozarán el privilegio de la matrícula cero que se haga esta burla a la sociedad de aparentar conocimientos, que ni se han cumplido ni se han pagado con el sudor de la frente de esforzados padres de familia.

El círculo de políticos que conforman los congresos, aquellos de penetrantes lociones y escudos dorados en la solapa, está, no diría que plagado, pero sí que no le faltan personajes de esta índole engañosa. Algunos llegan a la fría capital y creen hacer su agosto en el barullo de trámites de una metrópoli impersonal, donde pasarían disimuladas las trampas que les permite su alta categoría pública.

De ahí que la gente no crea en los políticos. Personas honradas son escasas en la actividad pública. Felicito a quien puede actuar sin testigos de acuerdo con principios, muchas veces incómodos, y ser esforzado como todos los demás que han obtenido una acreditación que no admite dudas.

Hay errores y faltas graves —y esto, para no pecar de moralista castigador— que acaso puedan dejarse pasar, pero no se debe permanecer en posiciones públicas o a la cabeza de instituciones, si no se representa dignamente a la república. De hecho, se dan casos aún peores en que toman asiento como honorables parlamentarios quienes son confesos de violación de los derechos humanos, como el fundamental derecho a la vida.

Deben quedar vacías las curules de los congresistas a quienes universidades del mayor respeto y tradición no han respaldado en sus explicaciones del fraude cometido a la escolaridad.

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Estudien, vagos
Foto: Héctor Osuna

Ha muerto Alberto Mendoza Morales, laborioso y esforzado cronista, con quien coincidimos en este diario, quien recorrió el país y nos ilustró sobre economía e intereses locales y nacionales, (eran empastados como textos de estudio sus escritos, conocidos como Anatomía de un país, entre varios, con referencia a Colombia y otros mundos). Fue grande y reconocido. Me honró con su amistad y lo recuerdo en casa, cuando no éramos tan solitarios, como nos ha correspondido serlo en los días que corren. Me suelo repetir mentalmente que de los amigos que dejamos de ver nos llega retrasada la noticia de su muerte.

Las generaciones se van renovando y en este carrusel vamos, sin prisa pero sin pausa.

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