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“Excelentísimo señor

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Lorenzo Madrigal
14 de noviembre de 2022 - 05:30 a. m.
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... presidente de la República”, encabezaba el señor nuncio apostólico, al dar comienzo a la ceremonia litúrgica en la hermosa Catedral Primada de Bogotá, el día 4 de noviembre pasado, dentro de lo que pareció un acto “conmemorativo” de los aterradores hechos del Palacio de Justicia, 37 años atrás. El presidente no se hallaba en el recinto.

Nadie supo por qué se celebraba tan solemne misa a los 37 años. Diría que tales años no son nada. Fechas y bodas las hay de todas las clases y condiciones: bodas de oro, de plata, de diamante, todas, pero ninguna a los 37 años. Pienso que tal vez convenía destacar que en esta ocasión un presidente del mismo comando (el M-19) que aterrorizó esa mañana del 85 había llegado a la cima del poder.

Y mi imaginación enloquecida sigue pensando que el señor nuncio quiso festejar el arribo al poder de su amigo (así referenciado por el propio presidente el día de posesión) confundiendo lo que fue un acto de barbarie con una actividad heroica. El presidente, quien debería estar confundido ese día y escondiéndose, más pareció ufanarse de manos del prelado, quien, según trascendió, lo presentó ante el papa y le consiguió audiencia privada, en acto significativo durante la campaña electoral, lo que ayudó a su elección.

A hora no prevista, sino más tarde, mucho más tarde, pasadas las lecturas, por un pasillo oculto y en un tropel de los escoltas se vio llegar al mandatario, esperado de las naciones. Ni con su amigo, el señor nuncio, tuvo la deferencia de cumplirle al solemne acto religioso. Magistrados y familiares de víctimas, muchos mitrados en ostentosos ornamentos, y la señora vicepresidenta en su mejor y más genuina pinta esperaban ansiosos a que el presidente llegara por fin a ocupar la esquina de la primera banca que le estaba reservada. Pero llegó como les llegó a los alcaldes y al Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Militares. Tarde. Un bondadoso religioso debe ser paciente, así parezca arrogante, pensaría el mandatario, total, es hombre del culto, no importa si en este caso se tratara del delegado del papa y portara aquel ostentoso y disuasivo báculo ceremonial. Que lo demoró la alcaldesa, dijo a sus cercanos el jefe del Estado. Ambos funcionarios son de estilo casual y los temas del culto no los deben intimidar.

“Excelentísimo señor

La ceremonia finalmente se cumplió en honor aparente de las víctimas. Como es costumbre, se las pone de frente, desdibujando la barbarie de hechos que no es prudente destacar y menos cuando hay motivos políticos. Se cumplió un ritual. Nadie supo si se trató de un funeral o de una conmemoración patriótica. El presidente, la vicepresidenta y otros altos funcionarios pasaron a comulgar. A quien sí adormeció la música gregoriana, cansado por tantos fallos proferidos, fue al expresidente de la Jurisdicción Especial de Paz. Algo así pasó.

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