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Se debatió en la campaña. Que si se trataba de expropiación o de democratización de los bienes. El dúo dinámico de la revista Semana y el diario El Tiempo es reciente testigo de estos ires y venires, de estas aclaraciones que se esforzaba por hacer el entonces candidato al populismo chavista, finalmente electo y escrutado con algunas dudas.
No ha tomado mucho tiempo desde su arribo al poder para que empiecen a verse señas del expropiador neto, registradas tímidamente por la prensa. Hay que mantenerse alerta porque en el caso presente lo malo y amenazante está apareciendo poco a poco y de manera sutil.
Ante la tragedia invernal y ante familias en verdadero “estado de destitución”, según antiguos códigos, la Unidad de Desastres, dependiente de la Presidencia, ha desempolvado una ley de 2012 sobre posibles casos de compra y expropiación para subvencionar a necesitados, con situaciones que alarman. La justificación no se discute; el populismo, que no desmiente su esencia, hallará siempre este recurso contra la propiedad como el que está más a mano para solucionar por vía administrativa apremios sociales.
Algún observador, de esos que sintetizan con facilidad la evolución y el estado de las cosas, me ha hecho ver cómo y de qué sutil manera se está cambiando el país, sin analizar siquiera si es para bien o para mal. Pero vamos siendo irreconocibles. El país se ve triste y ya no sólo por la pandemia; es que hay incertidumbre, los hombres de negocios temen, quienes pensaban viajar se quedan y quienes pensaban quedarse se van. Los que creían haber capitalizado algo ven que todo puede, como dicen ahora los dominantes, socializarse. De otra parte y paradójicamente, los más pobres y mejor dicho todos vemos reducidos los ingresos y crecidos desmesuradamente los costos de vida y funcionamiento.
La expropiación llegó por vía Unidad de Desastres, siendo ella el peor desastre, porque volver letra muerta la Carta Política de un país es atentar contra el futuro de estabilidad de un Estado. Y salvar la coyuntura, salvo urgencia inaplazable, puede, a la larga, empeorar las cosas.
Estos discursos generales se parecen todos y son iguales a los que en sentido contrario pronuncian mil veces los populistas, es decir, los que consienten a las multitudes con promesas ilusorias y algo vindicativas.

¿Qué tal el dólar?, ¿qué tal los policías que no persiguen, los negocios que se estancan, la conformidad y el acomodo de los opositores, aunque esto último tiene su parte buena y es que se traduce en una relativa paz como la de Santos, sin legalidad. Para terminar aludiendo al expresidente Duque, quien regresa del marasmo de su aislamiento, así sea como guardabosques bilingüe de la Amazonía. Su buena presencia y su estatura internacional de hoy le compensen la anticampaña que padeció durante su gobierno.
