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Parece el título de un bolero y lo es. Pero es también y en este caso la sensación que está sintiendo la clase política frente a lo que pueda ofrecer el año que comienza con el nuevo gobierno. El país nacional parece indiferente: “Pues sí, esto cambió”, se diría, pero vamos a hacerle por un ladito, salvando cada cual lo suyo, el puesto si se tiene, las pocas cosas reducidas por la inflación y, como los veteranos políticos, acomodándose a la inesperada situación.
¿Qué va a pasar con el nuevo ministro de Defensa? No se calcula si aguantará este o los militares la atonía en la contención del delito que impone el nuevo régimen. ¿Sabe alguien qué relación existía de este ministro, llevado a un cargo para el cual no tenía hojas de vida —según María Isabel Rueda—, con el actual jefe de Estado y si las investigaciones del entonces congresista lo conectaron con el magistrado auxiliar de tiempo atrás?
En el régimen de hacienda pública parece ser que estará seguro el país con un hombre curtido en economía, sensato y capaz de no dejarse atormentar como Ocampo. Ha sido la base sólida del nuevo estado de cosas. Dios salve a Ocampo.

Sospechas hay sobre los temas de salud. La señora Corcho ha flotado en aguas movedizas: que si se mete con las EPS o si no y con cuáles. Ese tema no está del todo en el tablero. Pero pronto se abordará, porque se ha dicho que este será el año de lo social, de la redención de los pobres y la venganza contra los que han podido hacer algo.
No voy a enumerarlo todo. Pero el caso de San Andrés demandará graves definiciones políticas entre si preferimos al dictador de izquierda y le regalamos más áreas marítimas o defendemos los mares de Colombia, en cuyo amparo ya una primera vez nos cogieron desentendidos. Veremos al ministro Leyva desempeñar la cartera que en otras ocasiones más ha parecido ser la de la paz interna y no tanto la de Relaciones.
Lo de tierras nunca se va a resolver. Ni el Estado tendrá cómo pagar lo que ha comprado para repartir socialmente ni los adjudicatarios tendrán acceso al beneficio. En el Acuerdo de Paz de Santos quedará por escrito lo pactado en la materia para perpetua memoria. Pero gente comprometida en crímenes sí fue al Congreso.
Salvo se cumpla lo que dice Peñalosa, que Petro se perpetuará, este gobierno de cuatro años podrá pasar como todos, sin realizar su propósito principal. Ni Lleras Restrepo cumplió su Transformación Nacional, ni Olaya su Concentración, ni Ospina su Unión Nacional, ni los pasajeros de la Revolución de López Michelsen pasaron a bordo.
Ahora bien, es de considerar, sin que sea aceptable, que gobiernos con origen en revoluciones, sin dios ni ley, que no se detuvieron ante Estados de derecho, alcanzaron la eficacia que otros no han tenido. Algunos se someten a elecciones sólo como formas combinadas de lucha.
