No pienso en las cuatro paredes que nos albergan, unas más espaciosas que otras. Pienso en que la casa de uno es el refugio de nuestras vidas, donde realmente somos, ese lugar que amamos, como lo aman los canes que acogemos en él.
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¿Por qué no querría el caricaturista Ricardo Rendón que lo llevaran a su hogar el día de su tragedia en La Gran Vía, famosa repostería de la calle 20 de Bogotá? Tras sonar el pistoletazo, quienes se acercaron al reservado pudieron leer en una servilleta la leyenda manuscrita: “No me lleven a la casa”. Allí el dibujante vivía con su madre, en los 33 de su vida; pudo tratarse de una mala relación con ella o, por el contrario, de un infinito amor. Su vida y su soltería fueron un misterio. En la locución fúnebre que pronunciara el periodista Alberto Lleras, luego dos veces presidente de Colombia, daba a entender que al final de las tenidas de amigos, en las que el caricaturista boceteaba en las servilletas de servicio, una mujer embozada de negro le hacía alguna seña desde una esquina del bar y el artista se retiraba.
Como no deja de ser un misterio que el coronel Dávila, mencionado con ocasión de las recientes chuzadas en Casa de Nariño, hubiese dicho por el celular que se dirigía a su casa, minutos antes de propinarse un disparo. Todo, según la Fiscalía, ha resultado ser un suicidio (pruebas de guantelete y cosas así), pero rondan misterios. Como este, según el cual se dirigía tras el pistoletazo a su casa.
La referencia de la casa nos acompaña siempre. Allá se supone que llegamos, vivos o muertos, o como tanto se oye en Bogotá: de allá saldremos con los pies para adelante. Y es que el hogar no es que sea siempre el mismo: sino donde estamos en el momento en que estamos. Hoy aquí, mañana en cualquier otro lugar del mundo, diría Julio E. Sánchez Vanegas.
Y en el deporte, cómo no. En la casa no se practica, menos ahora con espacios tan reducidos, pero los medios lo introducen a la intimidad del hogar. Uno sabe algo de fútbol, está familiarizado con ellos (pronto también con ellas) o con el comentarista entusiasta que en la locura de su esfuerzo grita el famoso: “Esta noche no me esperen en la casa”. Otra vez la casa.
Hemos alternado la casa familiar con distintos eventos del ser humano, trágicos algunos y bien escalofriantes como el que protagonizó siendo víctima el exministro Rafael Pardo Buelvas, asesinado en su casa al norte de la ciudad, cuando se rasuraba. Ministro que fue de López Michelsen cuando ocurrió un gran paro nacional.
Ahora, episodio hermoso el de la hijita de mi amiga, madre soltera, quien fue a recoger a su niña a un casa lujosa de un familiar, donde permanecía mientras su madre trabajaba, y escuchó esta respuesta. Esta también es tu casa, mi niña, mira, con corredores y patios: “No, mamita, mi casa es donde tú estás”.