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La minería y Álvaro Gómez

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Lorenzo Madrigal
27 de noviembre de 2023 - 02:05 a. m.
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Leyendo datos de minería en Chocó, que si de aluvión, que si ilegal, en qué cantidades y demás, me vino a la memoria un artículo de Álvaro Gómez Hurtado, en tiempos del Frente Nacional, aparecido en su periódico, cuando un molestoso país político esperaba alguna definición suya en temas que consideraba más fundamentales.

No que la minería no lo fuera, lo ha sido siempre, ni que el Chocó no lo fuera, pero aquí hay que decir cuán largo olvido ha padecido este departamento ahora llamado a rescate urgente de la violencia y el abandono. Gómez lo sabía, Gómez era un estadista y le daba toda la importancia al litoral Pacífico aún por descubrir. Pero su estilo era modoso, se le conocía entre líneas, se le interpretaba.

La minería y Álvaro Gómez
Foto: Héctor Osuna

Eran otros tiempos en que los medios de comunicación no eran tan acuciosos y podía disimularse con temas no menos importantes, lo que era esperado como propio del día. Es como cuando se reúnen los políticos y no queriendo hablar se frotan las manos: “Qué frío tan…”, terminen ustedes. Otro añade: “Tiene usted razón, presidente Petro, esta Casa de Nariño no es como para permanecer mucho rato”. Otro dice: “Ni como para repetir período presidencial”, ríe y la carcajada se vuelve general. Petro medianamente sonríe, no son los guerrilleros muy amigos de los apuntes de salón. Curioso, el presidente Uribe tampoco gusta de chistes y menos bogotanos. Prefiere la sobriedad, mordiéndose el labio inferior.

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Poco salió —me lo imagino— del famoso tintico en Casa de Nariño, donde pillaron, casi, al presidente Petro sin poderse escapar de su propia mansión para llegar retrasado. Fotografías, palmaditas en la espalda —en el fondo se quieren todos los políticos—, miradas de reojo al calzado de cada cual y a los tenis, y todo aplazado a comisiones para más estudios y menos decisiones. Pero qué importantes son estos encuentros. No se dirá que hablaron del oro del Chocó, que ojalá, pues falta que hace, sino de generalidades, del presupuesto posible de salud, del servicio a cada casa y a cada enfermo —lo que nunca se dará—, de la prevención médica, y quedaron de reunirse otro día. “No se pierda, presidente Uribe”, “Usted tampoco”. El expresidente se sonroja, pues acaba de hacer un chiste sin querer.

Si esto hubiera ocurrido así, habría seguido rompiéndose el hielo entre el socialismo de balcón y el señorío político colombiano, el que finalmente define, para desespero de muchos.

Añoranzas de Álvaro Gómez, a quien no se dejó llegar (yo también me opuse a que le hubiera correspondido siquiera, por la designatura, una presidencia de honor, que bien la mereció). Esta nota repare aquel error de apreciación política; fueron tiempos de Belisario, no recuerdo más.

Un buen día, el propio Gómez, al teléfono, me dijo: “Usted ha defendido siempre la memoria de mi padre”. Me gustó.

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