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La pasionaria

Lorenzo Madrigal

21 de febrero de 2021 - 10:00 p. m.

Podría llamarse así la justicia que se pretende ejercer con los expresidentes de los países. Son estos personajes elegidos en el fragor de la política; ejercen el poder a nombre de grupos y de sectores de lucha, vienen de crear odios y simpatías y se las han visto con los intereses de numerosas personas. Juzgarlos imparcialmente no se da.

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Unas veces son sometidos por jueces tendenciosos, como los que les dan vuelta a los procesos para encartarlos; demandantes son convertidos en demandados y hasta por televisión se han visto jueces que hacen referencia indebida a los procesos que llevan en su contra.

Grupos de ciudadanos de un mismo sector extremista se conforman para presionar por un fallo en contra del exfuncionario. Se cree que en el caso colombiano (Uribe, ¿habrá que decirlo?), hasta no ver a este personaje reducido a prisión intramural y exquisitamente torturado no estarán tranquilos, no importa si entre los que hoy acusan los hay que ayer se movían con delitos atroces.

Foto: Héctor Osuna

El sesgo político marca la acción judicial: lo que hizo la izquierda se tolera y los excesos de la derecha o del poder se repudian. Entre odios recíprocos y tendencias encontradas, ¿dónde o por dónde llega la justicia?, ¿qué puro y casto sacerdote, ajeno como el que más a los pecados públicos, puede conciliar intereses y llegar a conclusiones de verdad y de justicia?

Ocho años gobernó un presidente, con excesos, con errores, pero en contexto democrático; un dictador no lo fue, pues presidió elecciones y entregó el poder. En su tiempo de gran popularidad, quienes hoy lo acusan tal vez callaron, tal vez adhirieron a su causa o lo combatieron “desde el monte”, cometiendo atrocidades. ¿Quién puede creerles en su nuevo papel de jueces imparciales? Es la justicia política. Apasionada, “pasionaria”, se me ocurrió llamarla, recordando el nombre de la Ibárruri. La Dolores.

Lo que vemos hoy no es justicia. Voces que se interceptan indebidamente. Un senador de izquierda que parece susurrar en el oído del magistrado, así como un fiscal amigo, escogencia del propio Gobierno, de difícil imparcialidad.

Al entrar la guerrilla en el juego político, qué más quisiera que compartir el infortunio de sus antecedentes con quien más rudamente la combatió. Ellos a cultivar cebollas en reclusión libre por Jurisdicción Especial de Paz y su perseguidor a prisión fujimoresca hasta la decrepitud del funcionario. Una cosa así ¿puede llamarse justicia?

***

Ha muerto Elkin Obregón, caricaturista renombrado, de quien supe, por supuesto, mas no conocí personalmente. Me asocio al pesar de familiares, lectores y colegas, los que somos tan alejados los unos de los otros. Ha dicho de sí mismo que no hizo nada: era un iluminado.

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