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El año del cambio fue el anterior, en este no ha ocurrido mayor cosa. Nada práctico se ha implementado por grandes dificultades políticas y el tiempo ha transcurrido se dijera que inútilmente. Las mayorías parlamentarias que amenazaban convertirse en aplanadora de reformas fueron diluyéndose en los últimos días.
Quienes creyeron que llegaban al poder a cambiarlo todo no han podido hacerlo porque una es la gradualidad democrática y muy otro es un drástico cambio revolucionario que solo pueden configurarlo golpes de autocratismo.
La vida transcurre lentamente. Lo que he visto pasar en este final ha sido una gran debacle del sistema democrático. Hace varios años un amigo, ya mayor, me preguntaba cuándo calculaba yo que llegaría el comunismo. Así lo decía él, como también otros. Le puse 25 años y es exactamente la fecha. Como digo, no se ha implementado y aún no se deja ver la escasez, el desmonte de los grandes supermercados y el retiro de la industria y la inversión. Son cosas que llegarán inapelablemente.
Entre tanto, ha pasado el año como en silencio; de pronto, un pequeño ruido, algún leve alboroto, algo ha ocurrido. Me doy cuenta, he cumplido un año más de vida, algunos conocidos me llevan la cuenta, inexorable. No temo. Tengo un poco la curiosidad, no tan olímpica como la del gran Álvaro Gómez, de saber periodísticamente algo del más allá: hay un espacio más arriba, el espíritu no desaparece o se integra en Dios. Me compadezco de todos los seres vivos, incluidos insectos y especies menores, me hermano con la naturaleza creada, voy caminando con ellos y ellas, hay que agregar. Qué gran vacío teológico el del sufrimiento animal, cuando ninguna sublimación se otorga a sus penalidades. Se quedaron sin respuesta algunos cuestionamientos que les formulé a conocedores del tema, algunos hermanos míos que se fueron sin dilucidarme la duda.
Del interés general pasé al particular habiendo transmitido algo del marasmo de este día de continuidad adormecida a la pequeña huella que dejó en mi piel el paso de un año más.

El “comunismo” en el poder, como dicen mis amigos, empieza a manifestar desviaciones en contra del periodismo libre. Donde se dé un periodismo a sus anchas, no sin humor, estaremos enfrente de un gobierno socialista democrático, lo cual no es imposible. Asegurado un periodismo libre, este va acompañado, cómo no, de elecciones libres. Aunque sigue siendo preocupante que la extrema izquierda carezca de humor. Es sencillamente el esplendor de la democracia y no deja de ser curiosa la relación que queda patente entre el gracejo, la risa y la libertad ciudadana.
Ya que toco este tema no puedo menos de recordar a quien conocí de paso, recuerdo que me visitó en compañía de Yira Castro de Cepeda, al comunista Hernando Hurtado, cuya jovialidad aliviaba el espíritu.
