El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La víspera de Año Nuevo

Lorenzo Madrigal

27 de diciembre de 2021 - 12:30 a. m.
Foto: Lorenzo Madrigal
PUBLICIDAD

“... estando la noche serena”, pues ojalá, porque por estos rincones de un extramuros campesino la explosión de voladores será atronadora, para que le cause espanto y salga a perderse mi perrita Candelaria (la nueva). No se ve que disminuya la pólvora en estas navidades por más advertencias que se hagan.

Aquí estamos, con la mascota más valiente de la casa, Marcelino (alias Esmad, pues es negro y espanta a los demás), y con dos o tres familiares, el aforo que me permito, cuando el coronavirus y ómicron han acabado con la vida social. Llega la hora de las uvitas y las espigas, y habrá empezado un nuevo año. No deseo vivirlo, sobre todo a partir de agosto, porque, como van las cosas, con el país balanceándose en el abismo de la extrema izquierda, se habrá precipitado en él. Ya le habrá tocado el turno a Colombia, mientras Fajardo se zafa de la araña en que lo han querido atrapar; Galán, según dicen, está muy pollo; a Vargas Lleras lo dan por quemado por un coscorrón de patanería brusca y yo diría que amistosa; a Alejandro lo han dejado hablando delicioso, pero mezclando palabrotas de pito, que a su niño le lucían ante el papa y aun son divertidas en el académico rector; a Fico Gutiérrez lo incardinaron con Uribe, de quien se necesita ser fanático para quererlo (como decían de Laureano); Peñalosa no regala una sonrisa si no es cuando el coequipero Juan Carlos Echeverry “se va de bruces” (o “de jeta”, al modo desabrochado de un lenguaraz gracioso, de un bogotano fino, como podría uno pensarlo de Alberto Casas); también se dirá que a Rodolfo Hernández no lo conocen fuera de Santander y allá hay quienes lo conocen mal y han padecido peores coscorronazos de parte del alcalde.

Comenzará de esta manera el año. Algo bueno ha hecho este Gobierno, pero no se lo van a reconocer, porque la oposición está fuerte. Y la juventud sólo quiere cambio, pero cambio con destrucción. Desviada y utilizada, no se permite disfrutar del hermoso paisaje de estos días de diciembre, en que el planeta se luce a pleno sol. Cosas amargas inundan la vida de hoy: todo hay que pensarlo con signo negativo: la injusticia, el odio político, la envidia si se percibe que alguien disfruta de bienestar. Pero la juventud por sí misma es bienestar. Yo la viví varios años en un convento y qué gran disfrute de la vida joven, en armonía con la creación de Dios, invisible para todos los seres que somos cada uno armonioso y perfecto, y que se cree hechura de sí mismo. Entren a un convento y vivan la sanidad y la santidad de la existencia, como un gran don que poseemos y del cual podemos ser conscientes.

No sé si continúo. No depende de mí. Pienso mal de la vacuna. ¿O será el viento?, o será la taimada vejez. Tal vez ella sea, obra igualmente de Dios; bienvenida, obra final del creador. ¡Azúcar!

Read more!
Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.