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No confundir este título con “los idus de marzo”, que es desde luego un juego de palabras que ya había hecho en ocasión anterior. Me refiero a quienes, una vez efectuadas las elecciones de corporaciones, que más fueron de candidaturas presidenciales, cumplido su cometido, derrotadas sus propuestas, agotados sus recursos, deban irse canturreando el “otra vez será”.
Se fue, en forma involuntaria, dejado a su suerte por los suyos, Óscar Iván Zuluaga. Me atribuyo haberlo advertido, en la soledad de estos escritos: no era el momento para intentarlo de nuevo, así haya sido trampeado en la primera vez, cuando por poco se encarama al poder supremo. No es que uno sea más inteligente, sino que ve mejor quien está por fuera que los que van dentro del carro, cuyo neumático avanza pinchado.
Imagino que se han ido o, mejor, se irán bajando del montaje de las precandidaturas quienes combinan política y religión, los pastores, tan apetecidos a la hora de contar votos —la interesante Aydeé Lizarazo, por ejemplo—, quienes terminan adhiriendo al ganador de su respectiva coalición, fieles a su compromiso previo.
Peñalosa, Char y Barguil, en un comienzo altamente opcionados, se unieron a la causa del ganador del llamado Equipo por Colombia. Muy disciplinados y apacibles ellos, como se les vio en los debates que enfrentaron. Bueno, Char no asistió a ninguno, porque debe ser espantoso someterse al escenario público y hay que tener la lengua suelta para no decir nada o lo que es apropiado en cada momento. No comparo a Álex Char, importante figura de la política tradicional y de gran cauda electoral, con un jefe guerrillero, pero recuerdo que Tirofijo se escapó de la tribuna que le montó el presidente Pastrana en el Caguán, donde sólo tenía que leer un documento, delante del cuerpo diplomático y un sinnúmero de invitados importantes. En el monte y en un lenguaje de fusiles no se aprende a leer bien y con la entonación de Alberto Lleras.
Se puede pensar para dónde voy. Sergio Fajardo, maltrecho a mansalva y sobre seguro, descolocado por enemigos judiciales, comprometido por la Contraloría con el fenómeno ingenieril de la represa, Sergio, el hombre del gran carisma, líder de opinión, deberá ceder ante resultados electorales y dejarle el campo a alguien no tan apetecido por la jauría que se le despertó a Fajardo: un noble y popular aspirante, Fico Gutiérrez.
Otras opiniones podrían contradecir lo anterior y mi fervor estará siempre por el exgobernador antioqueño, pero el espectro tenebroso que se aproxima obliga a buscar la unión cuando la democracia está en peligro real. Lo que hoy pretenden interpretar por el término inequívoco de democracia, de nítida etimología griega, que es el gobierno del pueblo, viene a ser expropiación de bienes, de pronto en confusión seudoculta con la plutocracia indeseable.

