La sociedad desesperada ve cómo avanzan el desorden y el crimen, el irrespeto a la autoridad y, en fin, la pérdida de un cúmulo de virtudes cívicas que en algún grado nos acompañaban. Irrumpen, pues, en el escenario las alternativas presidenciales que hayan de jugar al solio ganado con quien parece fijo e inalterable y, en cierta forma, temible.
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Dicen que en esta semana se aclara lo que muchos esperan: que el señor rector Alejandro Gaviria dé el paso afirmativo de lanzarse al riesgo electoral. Pierde mucho si no gana. Pero gana mucho si da el salto histórico que de sus antecedentes se espera. Un Alberto Lleras, un hombre sin dobleces, adusto, serio en demasía, académico, confiable. Créanme, no es mi candidato ni tengo alguno. Ya veo que no me creen.
Pensemos, sí, en alguien de ese estilo, que, como él, no arrastre oprobiosas cadenas ideológicas. Están sonando alternativas igualmente buenas; se dirá: buenas para usted, pero no crean, hay gente que piensa igual o, mejor, que yo pienso como ellos. Enrique Peñalosa es una propuesta de seguridad y progreso; molido ya por la actividad pública, sacudidos el orgullo y la omnisciencia, tupio de canas jóvenes. Podría ser. Juan Carlos Echeverry, esforzado y decente señor, economista no improvisado, anda en la ruta de ascenso.
Humberto de la Calle no estaría mal, curtido político, pienso que con él nada se movería, pero tampoco se dañaría cosa alguna. No habría que cobrarle su adhesión a Santos y a Samper. Lo que hicieron estos dos prohombres ya es inamovible. La paz de Santos ahí está: ya no es de Santos sino de tantos, que no pudiéndose corregir “es mejor no menealla” y que la maneje uno de sus creadores, el que dijo que no sería rehén de los negociadores.
Novedad, y ya reconocido el Nuevo Liberalismo, es Juan Manuel Galán de obligantes ancestros. Galán es Galán. Y si hay que converger en uno, ahí está el hombre.
Otro de aquellos tiempos galanistas es Iván Marulanda; él vale mucho, su campaña es aún invisible. Jorge Enrique Robledo me parece moderado, dentro de una izquierda democrática. Su movimiento se llama Dignidad y a fe que lo define.
Nuevo como presidenciable y gobernador decidido que fue, Federico Gutiérrez apunta ya, si no va en solitario. Creo que cada cual ha de reconocer sus posibilidades, sincerándose consigo mismo, no ocurra que su buena votación, por diversa, se pierda, en orden a frenar posibilidades violentas.
No desconozco a María Fernanda Cabal, aguerrida política, colocada en el extremo de los partidarismos. Su postura es válida y representa a muchos que repudian lo que está ocurriendo.
Es todo un fajo de nombres, faltando el gran Sergio Fajardo, cuya carrera iba adelante antes de que la frenaran tropiezos de carácter administrativo, que le arrojaron a las ruedas de su carro, en ningún caso de orden moral. Juega aún entre los primeros.