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Los togados

Lorenzo Madrigal

06 de agosto de 2023 - 09:05 p. m.

Tengo unos libritos viejos, mis incunables: uno que perteneció a mi padre, quien fue tipógrafo, y curiosamente es de caricaturas, nada menos que de Honoré (Honorato) Daumier; otro librejo es una Ortología de Marroquín, en edición de 1915, y era de mi madre, de cuando iba a ser maestra. Un tercer incunable, no lo tenía ni su autor, Lucas Caballero, se titula Figuras políticas de Colombia y contiene caricaturas de Serrano y, desde luego, fabulosa literatura de quien se apodó Klim.

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El libro de Honorato Daumier, el caricaturista francés que pasó a la historia del arte (como aquí Fernando Botero y Beatriz González, aunque ellos nieguen serlo), viene con profusas imágenes de abogados y con el tema reiterado de audiencias y juzgados, tratado con magnífico dibujo realista, lápiz conté, esfumino, aguadas y plumilla y una deliciosa ironía. El derecho en sus falsedades judiciales, sus contradicciones y su formalidad académica que linda con el ridículo. Pero es el derecho.

Está la imagen del reo siendo abrazado por su apoderado y defensor en fingido sentimiento, a quien llama reivindicado por la justicia, pero, entre nous, le dice: ambos sabemos que eres un bribón y que mereces ir a las galeras. Entre tanto, el acusado y salvado de toda condena le birla disimuladamente, en el apretón del abrazo, la calderilla al jurista.

Recuerdo que estos crueles trazos de Daumier inspiraron alusiones, en tiempos del Proceso 8.000 entre nosotros, como el lamento abogadil por el dinero ilícito de la campaña que le habría sido hurtado a la pobre mujer (figurada la campaña como tal) por terceros.

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Comprendo la dificultad en que se hallan quienes manejan el litigio jurídico del hijo del presidente de la República, muy lamentable caso familiar, estando en un punto en que no se sabe qué defender primero, si la pulcritud de la campaña presidencial (todas o casi todas permeadas de lo ilícito) o la propia libertad judicial del ilustre implicado. De atenderse lo uno se desatiende o enturbia lo otro.

Reconocidos los agobiantes hechos, dolorosamente admitidos por el mismo padre y primer magistrado de la nación (habla de “autodestrucción” y de que el hijo, “al que no crio”, debe corregir sus errores), parece entenderse que le han de cargar la culpa y el error únicamente a él. El caso de “chivo expiatorio” que menciona, entre otros, el analista político Juan Carlos Flórez.

Por fuerza de contradicción o al tenor de lo contrario, el dinero habría tenido un destino cumplido y sería el de la campaña presidencial, y topamos con la ilegalidad, Sancho. ¿ Será que eso importa mucho a un presidente que primero ensayó a llegar por la violencia y luego se acomodó a otras formas de lucha, entre las cuales la democracia lo alumbró? Democracia no es coyuntura sino razón de ser y una forma de vida social.

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