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Maduro como juez

Lorenzo Madrigal

10 de febrero de 2020 - 12:00 a. m.

Aida Merlano cayó –literalmente cayó- en los brazos seudo judiciales de Nicolás Maduro Moros y allí está, cantando, como dice el fiscal venezolano, aquel a quien su propio hijo le reclamó por los derechos humanos. Que la Merlano vaya a declarar en contra de funcionarios colombianos, ya sabemos de quiénes, eso seguramente va a ocurrir, a todo el gusto del dictador.

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Más acusaciones e insultos de Maduro en contra de nuestra gente no serían raros, dado el estilo de la diplomacia chavista, pero que políticos del sector más beligerante de Colombia le pidan al fiscal general que se una a un supuesto juzgamiento de la fugitiva por la justicia política del vecino país, parece el colmo.

Los firmantes de la carta dan la impresión de estar dispuestos a colaborar como testigos, o con testigos, según es su costumbre, al juicio de la excongresista y a salpicar a la clase dirigente colombiana, objetivo máximo de ese sector, a la que quisieran sustituir por un régimen similar al de Venezuela, del que por ahora derivan recursos y refugio.

Hay en todo ello una aceptación, bastante explícita, del gobierno dictatorial de Maduro y una legitimación para juzgar a quien le cayó como desde el segundo piso de un consultorio odontológico, para disfrute de su maldad.

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Ha habido, en cambio, sarcasmo y burla por la legítima reacción de la Cancillería nuestra de solicitarle al muy real pero muy simbólico presidente constitucional de Venezuela, la extradición de la señora Merlano. El marcado sesgo político, que carece de todo humor, no pudo ver la carga de ironía que este gesto del Gobierno nacional tenía, al no poder esperar de la grotesca dictadura la devolución de la detenida. ¡Ah! Si otra fuera la tendencia de los gobernantes de hoy, habría sin duda admiración por la genial ocurrencia, que además deja en línea la postura asumida de rechazo a los poderes dictatoriales.

***

En sentido contrario, lo ocurrido en la sesión del Congreso de los Estados Unidos, con el interino Juan Guaidó, resultó emocionante. Lástima que se deba tanta belleza libertaria a quien, por otra parte, se le está repudiando como manipulador de la justicia de su país por medio de un tribunal político.

Abónesele a Trump el respaldo y el aplauso que le rindió al venezolano y que obligó a levantarse a la respetable concurrencia en honor de este “valiente”, así se le llamó, quien hoy por hoy simboliza la libertad y la decencia de la democracia política. Vimos, inclusive, a la dura opositora Nancy Pelosi, líder congresional norteamericana, levantarse, ya no a romper en el papel el discurso de Trump sobre el Estado de la Unión, sino a homenajear a Guaidó, grande y sencillo. “La libertad une las almas”, es frase feliz que se ha inventado Trump en un suelto discurso.

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