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Magnificencia de Roma

Lorenzo Madrigal

16 de abril de 2023 - 09:05 p. m.

Haber estado en casa durante los días santos deja un buen sabor. No sólo el encanto de la paz del hogar; el descanso sin ajetreos de viaje y, por qué no, la religiosidad —sin caer en lo que se podría llamar locura mística—, más la información que suministra un buen servicio de televisión como el de la cadena religiosa EWTN. Algunos pudimos ver y vivir las horas intensas de los oficios litúrgicos en ese soberano país del pontífice, verdadera capital imperial del mundo católico.

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El semblante del santo padre, su piel, se ven bien, pero al fin no presidió desde el altar las ceremonias, como pudimos esperarlo, según su propio y muy alegre anuncio, después de abandonar el Gemelli, recuperado, como todos lo deseamos. Concelebró, sí, claro está, como se dice entre sacerdotes cuando, ungidos como son, participan desde las bancas del ritual de la misa. No es lo mismo en el caso del papa, puesto que él preside desde cualquier ángulo donde se le coloque. Otro, sin embargo, fue el cardenal que ofició desde el altar mayor bajo el baldaquino y entre las columnas salomónicas, un cardenal con muy buen rostro de sucesor papal.

Sucesores posibles de Francisco estaban ahí y las cámaras los mostraban de modo que uno, muy profanamente, se decía: ¿cuál ha de ser, cuál ha de ser, Dios mío? Algunos parecían muy mayores, Bertone, por ejemplo, que tanto sonó; no conozco a tan prestigiosos nombres y menos a los que están en edad de merecer, como los vaticanistas conocen. El misterio de la elegibilidad papal, la iluminación del Santo Espíritu, que apareja también discusiones políticas, rondó por entre ese esplendor de la basílica de San Pedro.

Pero no matemos al papa reinante, al sin igual papa Francisco, como pocos iluminado y querido por la cristiandad, y no solo por esta. Lo han precedido grandes pontífices llevados a los altares y no dudamos que él mismo ocupe un día la gloria de Bernini. El tema humano es el de la salud actual del papa, periodísticamente hablando, porque muy quietecito sí que lo han tenido o en silla de ruedas, que no gestatoria. Sonreído y muy vital se le ha visto, pese al quietismo y a ciertos gestos de alarma entre sus más cercanos, lo que las cámaras no registran completamente. Roma siempre oculta algo.

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Foto: Héctor Osuna

Inquietantes para cualquier ser humano la edad del papa y sus condiciones de salud, aunque siempre será bien vista y diría que consuetudinaria la ancianidad del jerarca de Roma.

Las imágenes televisadas de San Pedro, el colosal edificio de arte ecléctico, son asombrosas. Las personas presentes dentro del templo, diminutos seres que apenas si emulan con los zócalos, no pueden apreciar lo que desde su alta ubicación muestra la proyección que se ofrece al televidente. Qué infinita labor de construcción desde el más mínimo detalle hasta las más sobrecogedoras dimensiones.

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