A un tremendo desorden doméstico, se le llamaba hace tiempos, muy especialmente por las señoras, “un nueve de abril”. Hecho violento cuyo recuerdo empezó a palidecer con los años, porque el tiempo borra los caracteres más atroces de las cosas y aquellos incendios y el peligro inminente de ese momento solo los podrían revivir grandes escritores. A mí lo que me gusta, sin pretensiones, es revivir los hechos, y especialmente ese, no como recuerdo convertido en frase, sino por su dramatismo y como si ocurriera en tiempos reales.
Entre otras cosas, porque viví esos años, con avidez por la actualidad. Si mal no estoy fue en el colegio...
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