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Paisaje

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Lorenzo Madrigal
21 de noviembre de 2022 - 05:30 a. m.
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¿Qué te ha pasado, paisaje? “Otrora tan risueño”. Quiero evocar versos del gran De Roux (el poeta). Y es que se entró el sol por mi ventana y corrí al patio a divisar los aviones; pero, de repente, el sol se ha ido, la bruma ambiente no da para mirar arriba, digo, por una esperanza. La tarde será de lluvias y de tragedia nacional.

Paisaje
Foto: Héctor Osuna

Lluvias y avenidas de ríos desbordados; casas asaltadas y desvalijadas por el invierno. El desconsuelo de quienes han tenido poco y lo ven desaparecido es inmenso y no es comparable con quienes tan solo perciben que su esfuerzo se fuga tras la codicia tributaria. Lo que también es triste.

No hay que decir tonterías ni sembrar esperanzas. Que esto se arreglará pronto, que hay programas y estudios, que hay un salón de crisis, que esta tarde hablará el Gobierno y todo se irá solucionando. El mismo sonsonete de quien muchos dicen que es buen orador, y ahí se queda.

Años de crecimiento social, si no lo interrumpen las guerras, se requerirán para vivir con una relativa comodidad y seguridad en estas ciudades en desarrollo. Paciencia, salir a la calle con precaución o asomarse al jardín, si se tiene alguno y no ha sido arrasado por el invierno y tomar algo de sol.

“No olvides conservar en lo difícil el ánimo sereno”, es un verso de traducción propia, que me acompaña en la memoria (como el carpe diem, por ejemplo), desde hace muchos años y muchos son muchos. Porque la vida sigue y seguirá avanzando con dificultades. La esencia humana es la misma y los dictámenes de Horacio, como este a su amigo Delio (moriture Delli, que vas a la muerte), nunca serán anticuados, mientras la musculatura y la piel y el cuerpo físico no cambien. Prevalecerá la configuración humana, entre avances tecnológicos.

Avanzamos, no hay que quejarse de todo. Este pueblo es inmaduro, con la ventaja de todo lo joven. Quizás una alcaldesa de buena voluntad y furia a flor de piel apenas si sabe gobernar. Cosa bien difícil. ¿Sabía ella, por ejemplo, que existía la carretera a La Calera (Cundinamarca) partiendo del Distrito y merecedora de toda atención? Lo dudo. Pues un inadvertido ciudadano y otros más en un auto han sido arrastrados por avenidas de cauces y corrientes incontroladas; vías sin escapatoria, vías arrimadas al monte o al abismo. Emocionante y muy ecológica la cercanía a un borde natural abrupto, pero ahí moran leoncitos de Humboldt, que si no lo son los temblores, sí lo son los derrumbes, que en cualquier momento despiertan.

Ahí vamos con una economía en peligro de gran debacle, como dicen los conocedores y los asustadores. Pero la amenaza es real, lo que iba más o menos sostenido da el bote al descalabro. Y ahí vamos, todos, absolutamente todos, muy protegidos quienes tienen doble y triple y cuádruple capital de reemplazo. Dicho así, sin adornos. Jugando a las ideologías.

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