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23 May 2022 - 5:30 a. m.

Palo porque bogas

Y porque no bogas. Esto va a ser tremendo: si gana “en primera” Gustavo Petro, se hablará de favorecimientos del registrador, además de que será el acabose para medio país. Si la decisión final queda aplazada para una segunda vuelta y es Federico quien repunta, se volcará la difamación en su contra y hasta el centro de la política, tan flexible últimamente, ayudará a acorralarlo, si no hay con qué, con lo de ser continuista de Duque, a quien difamarán, de paso. Hombre bueno este Duque, tiene bien la economía y fue excelente enfermero en la emergencia de salud. Llegará un nuevo gobierno y vamos a comparar.

Como en segunda (enclochando a fondo) las posibilidades están para Fico, con el caudal que lleva más el voto útil, que en este caso es la reacción de pánico frente a la caída del país en el abismo de la izquierda iconoclasta —pues aquí no estamos en la Francia de Mitterrand—, ese gobierno (el de Federico) comenzará con la reacción de los más violentos. Veo feo el panorama, qué le haremos, no es hora de pajaritos de oro ni de besos en la frente de guerrilleros que vieron matar a personas indefensas a nombre de la política.

En el ínterin seguirán lloviendo los insultos y la más exacerbada polarización. Hay tremendas injusticias sociales. Estallan en cualquier momento. Hay quienes vienen a reparar ese daño social inveterado apelando a muchos modos de lucha; se conocen sus métodos generalmente inequitativos y violentos. No veo a la Iglesia propiciándolos. Preferiría que se dejara al maledetto César resolver sus cosas y responder por ellas (las que son del César), sin inclinar balanzas políticas a favor de grupos extremos.

No estigmatizar se le dice ahora al intento de evitar las acusaciones recíprocas. Silenciar, entonces, dejar pasar, laissez faire, que nadie distinga a nadie ni recuerde sus hechos. Hay que perdonar, sí, personalmente prefiero no castigar con cárceles, pero hay que saber a quién se elige. Y no que llegue una de las corrientes, la más violenta, de antecedentes públicos recientes, los que destruyeron ciudades y se les impusieron a las autoridades, los anárquicos, sí, que ellos en paz con Dios y con los nuncios tomen las riendas de la nación de manos de una Iglesia revestida de símbolos.

Lo que se ve venir no es fácil, todos lo sabemos. Los extremos están ahí, nada puede evitarlos ni nadie zafarse ni dejar de ser encasillado; personalidad tan preponderante como la de Uribe hace que quien no esté en contra suya se considere de su círculo. Le pasó a Federico y para mayor compromiso recibió su respaldo explícito. ¿Ha debido rechazarlo? A nadie se le ocurriría una cosa así, fue Uribe un presidente elegido multitudinariamente. El propio candidato de la izquierda, hoy su mayor opositor, lo ha dicho, que la dignidad de la república ha estado en él.

Palo porque bogas
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