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Para muchos fue así

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Lorenzo Madrigal
12 de junio de 2023 - 02:05 a. m.
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El calor de los tragos no es el mejor consejero; el fragor de la ira, menos. La suma de ambos acaloramientos desembocó y mejor diría se desbocó en el sartal de vulgaridades, algunas las de siempre y otras de nuevo cuño, que disparó contra la república toda, que lo leyó, el exdiplomático Armando Benedetti.

Algunos de estos decires son de los más bajos y conocidos, los hubo de diccionario (por lo castizos) y otros se perdían en el trabalenguas del licor, de ciertos dichos de litoral y en el atropellamiento de las emociones. Para quienes un descontrol tan fuera de lo común solo podía ser ridículo, el final del cuento terminó en carcajadas. Pero se dijeron cosas y de una gravedad que desquició al Gobierno.

Viene aquí el asunto de si ha de tenerse en cuenta lo dicho en el agitado y grosero trabalenguas. Pero es imposible no hacer caso a lo que de cualquier forma ha afirmado el mayor responsable de la campaña política que tiene ejerciendo gobierno a su candidato electo. Si la cosa era en chiste y había de tomarse a la ligera pues procédase con igual ligereza y abandónese la autoridad que se asumió por fuera de todo respeto institucional.

Es posible que a las luces del derecho de pruebas una afirmación alicorada pierda valor de credibilidad, pero el tono y la oportunidad evidente de destapar algo que estaba oculto y hacía parte de una trama bien urdida, y todo por coraje y venganza, se dejan ver como indicio grave de un hecho delictuoso. Al público general le queda el convencimiento pleno de lo que aconteció en la azarosa campaña presidencial del 2022, lo cual le resta autoridad moral a un movimiento político.

Nacional e internacionalmente la repercusión de este escándalo comienza a vivir las consecuencias de lo que a los ojos de sus autores es la más grande de las imprudencias.

Fraseología popular, por lo general plena de sabiduría, le da realidad a lo acontecido. “En pelea de comadres se saben las verdades”, “ Niños y borrachos dicen la verdad ”, pero no se imaginó nadie que en ese nivel estuviera el debate político, que ha querido significar un cambio de tanta trascendencia. Un daño grande está hecho.

Apelar a la calle, al bullicio y a la pelotera, con estos complementos de borracheras, crisis y desórdenes, les baja estilo a las tradiciones republicanas, del cual daño histórico ya daban anticipo los discursos calentanos.

Pocos imaginaban que llegaría más pronto que tarde la nefasta réplica del 8.000. Habrá toda clase de descalificaciones para el líder que hasta ayer era campeón de una victoria política. Hoy ha dado muestras, demasiado explícitas, de cómo fue obtenido el crecimiento electoral con el aporte de quienes finalmente denomina “no propiamente emprendedores”. Lo que esto quiere decir lo entiende una ciudadanía acostumbrada a ciertos vocablos y corruptelas.

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