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22 Mar 2021 - 3:00 a. m.

Participación en política

Curioso. Los funcionarios políticos una vez posesionados de sus cargos no deben participar en política. Y esto ha de entenderse como no denigrar de los contradictores, no identificarse con causas partidistas o no negarles participación a los ciudadanos en general. Habría muchas definiciones.

Hasta hace algún tiempo era motivo de escándalo público y los funcionarios se caían si eran sorprendidos en ese tipo de intromisión en el debate partidista. Es de constante recordación el caso del procurador Mario Aramburo, quien se atrevió a llamarle la atención al propio presidente de la República (Carlos Lleras Restrepo, en ese entonces) por un discurso veintejuliero que pronunció al inaugurar las instalaciones del Inem en Kennedy.

Participación en política
Foto: Héctor Osuna

A Lleras le pareció bien en esa ceremonia enfrentar la candidatura en auge del ya exgeneral Gustavo Rojas Pinilla, cuyo regreso al poder significaría la destorcida en contra del Frente Nacional, el que, a su vez, había dado al traste con la dictadura. Fue Aramburo paradigma de funcionario probo y valiente, al que Lleras no podía desbancar, y tampoco consideró su renuncia. Las relaciones fueron tensas en lo sucesivo, dada la reconocida soberbia que no pocos le admiraban al presidente, pero Rojas perdió la elección en el amanecer del 20 de abril del año 70.

Hoy en día, la alcaldesa de Bogotá viene enfrentando políticamente al Gobierno nacional en la persona del presidente Duque y de sus cercanos colaboradores. La ciudad esperó ansiosa la llegada al poder distrital de esta hazañosa mujer, ganadora en muchas lides, y soñó conseguir un asomo de seguridad para Bogotá que la había perdido de tiempo atrás.

Pero la alcaldesa pelea más que gobierna. Ella también pudo pensar en el trampolín a la presidencia, pero tropezó con la horrible pandemia y se le fue cualquier mundillo ilusorio por ese abismo desconocido. Batiéndose en él, no ceja en lanzarle dardos, así sea con adminículos médicos y de laboratorio, al presidente y al ahora ministro Diego Molano. Últimamente con el tema de los acuerdos de paz (Santos-guerrilla), para identificarse con la izquierda populosa y electorera.

En esas vamos y su aceptación pública ha mermado de alguna manera. La ciudadanía esperó, en su desespero pandémico, que en los esfuerzos para reinventarse y restablecerse económicamente no temiera un asalto en cada esquina; ante lo cual la alcaldesa tiene toda clase de justificaciones xenófobas, cuando no gubernamentales y mejor si implican al presidente.

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Los amigos del Gobierno no se ayudan, no tanto frente a estos resquemores municipales, cuanto de cara a la campaña sobreviniente, con la propuesta de prolongar el período presidencial. Cualquier parecido con lo que hace la misma izquierda en sus gobiernos es perverso para sus intereses.

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