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¿Qué hace Leyva en Miraflores?


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Lorenzo Madrigal
02 de septiembre de 2024 - 05:05 a. m.
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La legitimación del fraude electoral por parte de Colombia ya es un hecho, toda vez que el gran hombre de Estado del gobierno Petro, el muy destacado Álvaro Leyva, ha sido visto dialogando en esa hermosa casa de Gobierno de Venezuela, la de los cuadros de Michelena, en Caracas. Sorprendió tremendamente la noticia: “Leyva en Miraflores”, así haya sido por invitación y llamado expreso del autoproclamado presidente Nicolás Maduro Moros.

¿Qué es de pensar? Lo más obvio: que lo envió, como su emisario en misión extraordinaria, el propio presidente colombiano. O si fue que Leyva, “motu proprio” y en su desaforado intento de ser el portavoz de la paz, comprometió al gobierno de Colombia; o que, finalmente, el dictador se vio sin salida, ante la tenacidad opositora y propició el encuentro, conminado por alguien a no pelear con sus vecinos, todavía tibios en su reconocimiento. Colombia cedió, Colombia contradijo toda evidencia, toda la convicción internacional y se sumó a la izquierda en una definición preestablecida no sujeta a un resultado real.

¿Qué hace Leyva en Miraflores?

Foto: Lorenzo Madrigal

Por esos caminos parece andar Leyva, sin ruta ideológica, por la paz como valor único, así sea dejando satisfecho al dictador ambicioso, concediéndole que ganó sin ganar, que el poder es suyo y a perpetuidad, y que la democracia no opera frente a quien se hace temer amenazando con la guerra y con la sangre. El violento gana, el Hitler somete con cortesías palaciegas al Chamberlain, en este nudo de intereses americanos.

Elegir por sufragio público es también una licitación, se han de llenar requisitos y sumar grados de aceptación, comparables con los de sus rivales, y el resultado, en este caso, es asumir el poder político. Pero, claro, aquí no cabe elegir sin competencia o con la seguridad de que solo uno tiene opción. Pleno de ventajas, un jefe del gobierno, autócrata, triunfa porque triunfa, y es proclamado por él mismo.

Se usa ahora que dictaduras manifiestas se adornan con riesgosas elecciones que perderían si fuesen libres, porque la gente sometida mediante el silencio de la prensa y por el temor a la represión tratará siempre de sacudir el yugo; Venezuela vio la ocasión de hacerlo guiada por una mujer de carácter a la que no han podido someter las fuerzas oficiales. Vaya si recuerda a nuestra “valiente Pola”, cuando dijo “veis cómo, aunque mujer y joven, estoy dispuesta a enfrentar la muerte y mil muertes más”.

De Leyva, a quien aprecio por su vieja historia personal y la de su padre y sus atávicos jefes de lucha política ya olvidada, lamento que le corresponda esta inesperada misión, que cualquiera entiende como oficial, pues enfrenta al país con la opinión más democrática y generalizada en el mundo occidental, colocándolo a favor de una tiranía sin opciones de alternación política y sin respetos humanitarios.

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