Publicidad

Se acaba el tiempo

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Lorenzo Madrigal
14 de febrero de 2022 - 05:30 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

A un mes estamos de conocer el candidato que cada grupo habrá seleccionado en la llamada consulta, que nada tiene de interpartidista. Aquí no se enfrentan partidos sino nombres que se han agrupado, unos alegando pureza de intenciones; otros, experiencia; otros, porque se imaginan que con ellos habrá un pacto fundacional e histórico.

De esta consulta interna dentro de cada grupo, uno saldrá y será la primera selección entre muchos postulantes, dejando de paso a algunos valiosos tirados en la arena. La pregunta que uno se hace es si los no elegidos van a conformarse con apoyar al rival ganador durante el siguiente trecho de campaña hasta mayo, mes de las flores (¡!).

No fue buen sistema este de los grupos que acabará enfrentando a los mismos compañeros, todos entre sí considerados meritopares. Será que un Fajardo, lidiado en tantas plazas y finalmente desembarazado del contralor, va a renunciar así no más a su aspiración, inicialmente próspera, es una pregunta. O si Alejandro Gaviria, renunciado a la universidad y figura principal del diario El Tiempo, perenne elector, abandonará la candidatura sin rating, pero con seguro respaldo en el centro de nuestra democracia formal, es otra pregunta. Galán, increíblemente combatido por sus propios amigos, sería el más resignado a ceder por su caballerosidad y ponderación, características que, dicho sea de paso, podrían elegirlo dentro del grupo y aun nacionalmente, esto si el señor nuncio Montemayor no le crea rivales más fuertes en Roma (“de Roma viene lo que a Roma va”).

Se acaba el tiempo
Foto: Lorenzo Madrigal

Porque, en medio de esta campaña fragorosa, irrumpe cuando menos se esperaba la sandalia del pescador, como quien dice, la huella del papa. Vaya. El gesto de atender en audiencia privada y especial al precandidato Gustavo Petro, lo que primero se entendió como una intromisión del aspirante presidencial, fue al parecer una gestión secreta de aquellas, en cierta forma fascinantes, que se mueven en la corte vaticana. Sabemos que a Europa llega como un eco sostenido el rumor que atañe a estos países de América sobre una izquierda oprimida por gobiernos dictatoriales (sospecha que respaldarían en Colombia ciertos pronunciamientos de la Corte sobre un estado de cosas inconstitucional, justificador de cualquier golpe de mano).

Es cierto que el papa Francisco comparte con nuestro pueblo el sentimiento latinoamericano. Lo mismo podría decirse del señor nuncio, igualmente argentino. Sin embargo, todo parece indicar que la entrevista con el candidato Petro se hubiera convenido, con toques de izquierda, en la Nunciatura del señor Montemayor.

Colombia, país hijo de la Iglesia, varios de cuyos mandatarios han recibido la Orden Piana en adhesión filial, verían a Roma inclinarse ahora por un candidato de origen revolucionario y violento, no se niega que perdonado por el Estado.

Conoce más
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.