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Se llamaba traición a la Patria

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Lorenzo Madrigal
30 de noviembre de 2009 - 02:00 a. m.
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SE LLAMABA, PORQUE, SEGÚN VEO, ya no se llama así. Se prefiere hablar de autocrítica en el contexto global o de circunloquios parecidos. La Patria, al parecer, ya no crea identidad patronímica ni sentimiento alguno de pertenencia, sino que es apenas el alero feliz en que no somos extranjeros. Definición desgarrada que a veces me parece justa en horas de desolación.

Se diría que ya nada significa que una persona acuerde opiniones con enemigos declarados de su Nación, a tiro de iniciarse una guerra. Eran otros los tiempos cuando funcionarios o elevados políticos se cuidaban de opinar en contra de su país, hallándose en territorio extranjero.

Se necesita cierto descaro posmoderno para emprender viaje a la frontera enemiga, a fin de adelantar gestiones paralelas a las que está adelantando, con autoridad única, el más alto representante del país, en esfuerzo denodado por neutralizar a quienes lo afrentan.

Y no es el caso de llamar “apátridas” a quienes practican una tal diplomacia paralela, pues el término, a mi juicio, fue mal usado por el doctor Serpa, quien lo consagró en las épocas del Ocho Mil. Hombre de toda mi admiración (¿recuerdan cuando hablaba de “estropicios” y otras palabrejas muy suyas?), tal vez quiso decir “antipatriotas”, toda vez que el término apátridas, tal y como se lee en tratados migratorios y en la legislación española, alude a personas que carecen de nacionalidad y deambulan por ahí, sin documentos, desafiliados, sin tierra propia o son refugiados en trance de ser acogidos por benévolas leyes del territorio que pisan.

No serían, pues, apátridas, pero sí estarían lejos de cierto pundonor patrio, quienes cosechan aplausos extranjeros para retornar luego a participar de los informes confidenciales de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores en su propio suelo vilipendiado.

Sobra decir que quien ha ejercido la Presidencia de la República es el menos indicado para salir a reforzar las razones bélicas del país que arremete contra el suyo, si no todavía con bombas y cohetes, sí con la más soez e insultante actitud y las palabras más agresivas.

Si se consideran fuera de uso los términos patrioteros, habría que buscar similares sin aquella carga afectiva y sentimental, pero no pueden las ideologías hacernos equivocar en la postura adecuada para enfrentar a un enemigo del propio suelo en que nacimos.

A veces parece que sólo faltara que se tomaran las armas en contra de las fuerzas de las cuales se fue Comandante en jefe, en la calidad excelsa de primer mandatario de la Nación.

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