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13 Jun 2022 - 5:10 a. m.

Terminó la campaña

Prácticamente. Los días que faltan pueden contarse como horas. Y tendrá un nuevo rostro el país: un presidente muy distinto de los que hasta ahora han sido. Bien puede ser el antiguo guerrillero, que robó y ocultó armas del Cantón Norte y otras hazañas, y quien no tiene improntas judiciales, porque fue amnistiado, o el llamado por su profesión u oficio “el ingeniero”, y también “el viejito”, toda vez que sus años ya se están contando al revés, hombre nuevo, sin embargo, en la política nacional. A este le señalan algún lío judicial pendiente.

No es cualquier cosa lo que se viene. Hay quienes están comprando mercado de refuerzo para cubrir posibles días de revuelta. Así la ven. Se oye decir que revoltosos profesionales están dispuestos a hacer lo que saben si su candidato, a las cinco de la tarde del día electoral, no va ganando en los preconteos.

No será poca cosa despertar el día 20 en un país de corte comunista, no importa si Alejandro Gaviria está controlando la explosión del volcán con sus manos académicas. O si el ilustre profesor Mockus diga que se halla del lado donde están aseguradas la libertad y las instituciones. Su aire distraído le hace ver cosas que otros tal vez no vemos. Aunque Mockus nos demuestra que todos en algún aspecto somos iguales.

Si el triunfador ha sido el viejito, ay, las miradas estarán suspendidas como cuando alguien está a punto de precipitarse desde un balcón o desde una cornisa en altura. Muchos y muchas, con el credo en la boca. El viejito consentido, en cambio, estará acostándose a las ocho, no importa si el nuevo país queda perplejo. Así dejará a la vista su estilo de gobernar, de un modo personal y autoritario.

Recuerdo cuando el ya retirado general Gustavo Rojas Pinilla, pero candidato presidencial prácticamente electo, se acostó ese 19 de abril del 70, a las ocho de la noche. Y lo sé porque me lo contó uno de los principales jefes del movimiento de la Anapo, uno de los cinco que lo buscaron en su casa aquella noche ante los alterados resultados que se estaban conociendo. La Nena, quien posiblemente les abrió, sólo pudo decirles que el general dormía.

Gustavo Rojas Pinilla
Gustavo Rojas Pinilla
Foto: Lorenzo Madrigal

Se habla de ideas, de programas del uno y del otro, visiones muy cultas todas, pura ideología política, pero el caso de ahora es el de la escogencia personal. Alguien que fue afín a Chávez y a Castro llegará al poder, o alguien, verdadero outsider político, sin directorios ni jefes, encumbrado por la opinión (en caso de que así lo fuera), como fenómeno sociológico no muy fácil de explicar.

Ya no es el divertimento periodístico que a veces ofrece la incógnita política en democracia; pues no, lo que hoy está en juego es toda una definición y la suerte misma del país. En distintas ocasiones y por diversos hechos se ha dicho que hay un antes y un después. Si alguna vez ello ha sido cierto, es ahora.

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