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Total es con todo

Lorenzo Madrigal

18 de junio de 2023 - 09:05 p. m.

Lo que es total abarca todo. No puede algo ser total y quedarse solo con una parte. Los humanos tendemos a ser parciales, dueños, egoístas. Cada cual habla de lo suyo, de lo que conoce, de su limitación, su tope.

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Algo me recorrió mientras escuchaba al presidente Petro cuando peroraba ante sus pares rebeldes (ELN) en la capital cubana, en presencia y al abrigo del Gobierno de la isla. Nada raro había en ello, solo que los símbolos patrios precediendo el discurso presidencial eran como si se nos hablara no desde una nación con difíciles relaciones por años, sino desde una capital imperial a donde se hubiera trasladado la sede oficial.

No somos Cuba, muy admirable nación y muy amiga que fue en otros tiempos. Ideal paraíso del Caribe hasta volverse hostil y amarga porque no se pueden hacer rectificaciones políticas y sociales sin aplicar las penalidades comunistas. Malaya que siempre hayan de coexistir con este nombre el odio y la venganza, a cambio de un benévolo tránsito hacia la justicia social.

No aceptamos la cubanización del país. La paz, muy bien; la paz total, ojalá, pero aquello de cambiar de historia, de próceres, de reconocer solo lo que nos trae el nuevo rumbo político, pues no. Ahora no se menciona a un Antonio Nariño, sino a Jaime Bateman Cayón, tampoco a un Núñez, figura nacional y gloria del litoral, sino que se prefiere hacer borrón de su historia y únicamente darle mérito a una Constitución, la del año 91 (por cierto, robándole su autoría al expresidente César Gaviria y, qué sé yo, al propio Álvaro Gómez), como la única y principal carta política de la historia nacional. Nada vale sino lo parcial de ellos, su escasa y opaca mirada del mundo con la que quieren ser el todo.

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Foto: Héctor Osuna

Mencionó el presidente a Jaime Bateman Cayón. Dueño es de sus emociones y recuerdos: que él era muy jovencito cuando lo llamó Bateman a engrosar sus filas y con qué delicadeza se trata. Bateman era un tipo simpático, dicharachero, gracioso, no que yo lo hubiera tratado, pero lo imagino con su anécdota de andar con secador de pelo (usaba el afro) por la selva. No entiendo cómo un movimiento de su autoría llegó a matar y a secuestrar. No perdono el asesinato de José Raquel, líder sindical, sacado de un burdel al suplicio del secuestro y al sometimiento a un tribunal popular (como las asambleas populares, vueltas a mencionar), y devuelto cadáver a la sociedad atónita. El autor de su muerte es mencionado hoy en sala de honor y de paz por el presidente de Colombia. Se olvida que el perdón y olvido de un proceso, como fue el del M-19, indultaba la pena, pero no invitaba al poder. No está bien arrasar con la historia de la casa paterna que los acogió como a hijos pródigos y hacer alarde de sus criminales proezas. Y si ahora están por la paz y esta total, reconozcan lo que antecedió y creó nación.

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