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Último año de Duque

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Lorenzo Madrigal
02 de agosto de 2021 - 03:00 a. m.
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El próximo siete de agosto comienza el último año de gobierno del presidente Iván Duque Márquez. Nunca “Iván Márquez”, como lo anunció quien proclamó su candidatura antes de que le fuera bruscamente arrebatado el micrófono en plena convención. Tremendo oso, del que no se sabe si el ignoto presentador habrá podido reponerse.

Le queda un año de gobierno y no es poca cosa. Darío Echandía, ideal de su niñez, gobernó sólo seis meses. Carlos Lemos, siete días; Carlos Lozano, diez; Indalecio Liévano tomó solemne posesión del brazo de su madre, para una semanita. Rafael Azuero muy de paso “presidió”, cuando ocurrió el incendio de Avianca. José Antonio Montalvo dos días reemplazó a Valencia. Se les dice expresidentes, con menos frecuencia a los conservadores, aunque todos fueron fruto de saltos políticos.

Último año de Duque
Foto: Héctor Osuna

Por un solo año gobernó, en el siglo pasado (porque en el XIX abundaron los encargados) Alberto Lleras Camargo, a los 39 de su edad, exaltado al máximo escalón de la democracia en reemplazo de López, el grande. E hizo bastante: cambió el rumbo de la política y dio paso a la sustitución partidista, lo que le cobraron por años sus copartidarios, mientras el paso del tiempo lo convirtió en símbolo de la sensatez antisectaria. Ya en mayor senectud, como editorialista que fue de su periódico, Hernando Santos lo quiso sectarizar.

¿Qué le queda a Duque por hacer? Por lo pronto, asegurar su vida, amenazada por la criminalidad que emanó, sin duda, de los paros. La tolerancia con el crimen llevó a la muerte prematura a muchos jóvenes o a lesiones permanentes, a la destrucción de joyas históricas y a la desaparición, entre muchas cosas, del transporte urbano. La permisividad de sentar asesinos confesos en las curules representativas del pueblo, todo ello, hace ver con indiferencia que la seguridad del mandatario esté corriendo también inminente peligro.

Puesta a salvo su vida, que es la misma de la continuidad democrática, imagino que el Gobierno en postrimerías tratará de consolidar la reforma tributaria, expurgando aquella que desató la protesta y dio razón, no derecho, al desorden. Duque es hombre bueno en el mando, transmutado acaso en represivo por la incontrolable fuerza pública que casi siempre se excede, provocada por quienes fomentan el desorden. Conviene en los códigos revolucionarios exacerbar las tensiones sociales, que haya muertos por violencia oficial y mientras se llama alegremente a la protesta a una muchachada, esta es llevada a correr el riesgo de su propia vida. Enfrentados los revoltosos a las armas oficiales, brota la discusión de si estas, atacadas brutalmente, han actuado en legítima defensa propia o de la institucionalidad a su cargo. Eso nunca queda claro.

Si Duque logra presidir elecciones pacíficas, habrá conseguido un tránsito meritorio a la historia.

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