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Crítica de arte en Yopal

Lucas Ospina

18 de septiembre de 2008 - 08:58 p. m.

Di una conferencia sobre crítica de arte en Yopal, se decía que allá “no había nada”: ni museos, ni galerías, ni salas de exposiciones, ni escuela, programa o facultad de arte, ni biblioteca, es decir, una conferencia que podía ser válida en otro lugar, allí podría no tener piso. Busqué un suelo común, algo tan cercano como el vuelo Bogotá-Yopal. Pensé en la comida.

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Expuse un par de columnas del fallecido crítico Kendon Macdonald. En “Michael en la zona rosa” el crítico no se descresta con la parafernalia del restaurante (“Si se hace una inversión gigantesca en la decoración, hay que garantizar que la comida sea igual de buena”) y pasa a lo importante: la comida. Habla del Cassoulet (uno de los grandes platos de la cocina francesa), sopesa una base de tomate bastante “agradable” que no ayuda a que sobreviva el plato original: “Estaba sobrecocinado, salado y pegajoso”. Añade: “Así no va a ganar nuevos fanáticos”.

Habla de otros platos y pide un postre que describe en detalle: “Una tacita de café hecha de chocolate y rellena con helado” más “un tabaco hecho de ponqué de chocolate y cubierto con una ganache de chocolate”, “espectacular en su presentación” pero, dice, “para mi gusto demasiado chirriado”: el restaurante puede ser del gusto de las personas a las que les “encanta pagar sus considerables precios. Pero ¿quién quiere partir manteles con alguien así?”. Kendon no se va por las ramas, habla de la comida (de las obras) sin teorizar en exceso, encuentra en un plato (una obra) aspectos interesantes aunque desapruebe el conjunto y se divierte: para señalar el paso desafortunado de lo sencillo a lo superfluo usa “chirriado”.

En “Michael 2” el crítico regresa y se da cuenta de algunas cosas que han mejorado: los juicios de la crítica nunca deben ser asumidos como definitivos.  Y ahí cuenta lo siguiente: él está en un almuerzo y alguien dice: “¿Leyeron al h.p. que escribe de restaurantes en El Tiempo?”, el crítico se levanta, le da la mano y dice: “Encantado, yo soy el h.p. que escribe en El Tiempo”. Ante los opinadores el malo es el crítico, no el cocinero, estamos acostumbrados a la lisonjería y al protocolo, cualquier crítica nos parece el fin del mundo, sólo hay buenos y malos.

En Yopal es latente la transición de lo tradicional a lo nuevo, una confrontación difícil en la que todavía no hay ni buenos ni malos, fue importante concluir que los protagonistas de la crítica NO deben ser los críticos, sino la cocina (el arte),  la comida (las obras), los restaurantes (museos, espacios y galerías).

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