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Aunque todavía no has nacido y no sé si algún día llegarás, sí sé que si Dios algún día nos bendice con tu presencia, quiero enseñarte mucho de la vida a través del fútbol.
Mi padre, un hombre entregado a este deporte, hizo todo lo posible para complementar mis experiencias por medio de este juego. Es algo que nos define y que al mismo tiempo ha creado un vínculo único entre los dos.
El fútbol, querido hijo, te enseñará a entender que siempre eres parte de un equipo y que es imposible lograr un éxito significativo de manera individual.
Comprenderás que la victoria se logra paso a paso y que hay momentos en los que tu sacrificio para el brillo del otro, es la única vía para obtener lo mejor para todos.
Comprenderás que para ser bueno hay que levantarse todas las mañanas muy temprano y que, sobre todo en esas madrugadas frías de entrenamiento, tu peor enemigo serás tú y el deseo de confort y no el equipo contrario.
También, querido hijo, el fútbol te enseñará que el destino es caprichoso. Que no sólo basta con entrenar hasta el cansancio, sino que también para lograr el éxito hay una pizca determinante de suerte. Por eso, nunca te creas autosuficiente. Cada vez que te pegue la pelota en el palo cuando intentes hacer un gol, recordarás que una bendición por la mañana y otra por la noche son un abono a la cuenta corriente que debes tener siempre en verde con Dios.
Como hincha comprenderás que ganar y perder hacen parte de la vida, que la felicidad infinita de la victoria y el dolor paralizante de la derrota están a un gol de distancia y que hay que aceptar las cosas como son, ya que siempre amanecerá para ilusionarnos de nuevo.
Cuando llegues, quiero que visitemos la cancha juntos. Como hinchas quiero sentarme a tu lado y enseñarte a ser tolerante. Quiero que aprendas rápidamente a sonreír a todos los que están a tu lado, incluso si son del equipo contrario. Ellos sienten como tú, vibran como tú, sufren como tú, gozan como tú y lo más importante de todo, tienen familia como tú, que espera que regreses por la tarde sano y salvo para compartir una cena caliente en casa.
Tal vez te cansaré contándote ese viaje que hice con tus abuelos y mamá a Berlín para ver como una noche Messi se echó el Barcelona al hombro para vencer a un aguerrido, elegante y digno Juventus y quedarse con la Champions. Y también, seguramente escucharás sobre un escándalo en la FIFA, la asociación del fútbol internacional, pero no te importará, ya que los bandidos que quisieron quedarse con nuestra fiesta se pudrieron en la cárcel, porque, ¿sabes?, otra cosa que el fútbol te enseñará, es que los tramposos, siempre al final pierden.
