Presidente y medio

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Luis Carlos Vélez
03 de diciembre de 2018 - 05:00 a. m.
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En Colombia, todo el mundo quiere ser presidente. Persona medianamente ambiciosa que se respete en nuestra nación juega, aunque sea temporalmente, con la idea de llegar a Palacio y ser el centro del poder. Es por eso que vale la pena observar con detenimiento los hechos de la semana pasada, desde la perspectiva política, más allá de las importantísimas conclusiones estrictamente legales, porque desde ya significan durísimos golpes a las aspiraciones presidenciales de dos pesos pesados de la coyuntura nacional.

Empecemos con Néstor Humberto Martínez. Pocas personas tienen el fogueo, formación y experiencia del fiscal. Abogado y economista de la Universidad Javeriana, tiene en su palmarés haber sido ministro de Justicia en el Gobierno de Ernesto Samper, ministro del Interior de Andrés Pastrana, ministro de la Presidencia de Juan Manuel Santos y fiscal desde el 2016. Un hombre que desde lo público y lo privado conoce con detalle los hilos del acontecer nacional.

Desde lo político, para quienes no lo habían visto en acción, Martínez demostró ser un orador arrollador, capaz de defender sus puntos de vista con contundencia durante el debate de control para el cual fue citado la semana pasada. Fue tan dura y aplastante su defensa política en el Congreso que no son pocos los que consideran que un fiscal en ejercicio no puede darse el lujo de cruzar tan evidentemente la línea que delimita su accionar actual para cabalgar sobre los patios virulentos de la política nacional que incluyen, muchas veces, golpes a la prensa.

El país difícilmente olvidará la esencia del incidente con el fiscal y esto es el posible conflicto de interés con el Grupo Sarmiento Angulo y el escándalo de Odebrecht. Lamentablemente, para él, más allá de las actuaciones de la justicia y su Fiscalía en contra de la corrupción, será muy difícil borrar la mancha que este episodio ha dejado desde ya en su actuación pública.

El otro afectado, sin lugar a dudas, es Gustavo Petro. El video que mostró la senadora Paloma Valencia significa desde ya una indeleble impronta que permanecerá sobre la imagen del ahora senador. Cada vez que quieran golpear sus intenciones presidenciales, acudirán a la foto del momento en que se le ve contando efectivo en una escena clandestina de luz baja, propia, así no lo sea, de una conducta ilegal. A la revelación de este documento visual vendrán investigaciones y actuaciones de la justicia que mantendrán viva la oscura imagen durante los años por venir, lo que se convertirá en una piedra cada vez más grande en el zapato del exalcalde de Bogotá, que ha construido su camino político en la lucha contra de la corrupción y que ahora, paradójicamente, se ve acorralado por una escena que lo enmarca como alguien igual a quienes critica.

Es por eso que los hechos de la semana pasada, de nuevo, más allá de lo legal, significan la caída de, por lo menos, una y media de dos aspiraciones presidenciales.

A todas estas, el doctor Sergio Fajardo, otro que quiere ser presidente, resulta ser el gran beneficiado de todo este enramado. El único problema es que se convierte en el “aparente heredero”, una figura es que lo hace inmediatamente objetivo militar del resto de colombianos que sueñan con ser presidente de Colombia.

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