El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

¿Amnistía? Una paz grande

Luis Carvajal Basto

22 de agosto de 2021 - 10:00 p. m.

El encuentro del padre De Roux con el expresidente Uribe fue el de dos visiones de la misma Colombia: la Comisión de la Verdad, un instrumento del Acuerdo con las Farc, y el expresidente, máximo exponente de quienes no lo respaldaron. La noticia fue la propuesta de Uribe y el objetivo planteado por De Roux de buscar una “paz grande”. El encuentro debe celebrarse y aprovecharse constructivamente o podemos seguir en lo mismo, haciendo lo mismo y los resultados, con seguridad, serán los mismos.

PUBLICIDAD

La propuesta del expresidente Uribe para buscar una amnistía, con reparos, fue bien recibida por el padre De Roux y adversarios políticos como el candidato Petro. La solicitud de igualdad ante la justicia para todas las partes presentada por Uribe —“no tengo exactamente el modelo, pero creo que la asimetría en tratamiento judicial la exige”— abre el camino a un verdadero acuerdo nacional sobre lo básico: el respeto a la justicia y la supremacía de la democracia y el Estado de derecho. La polarización no deja avanzar al país y el debate público se ha reducido a la negación y satanización de la contraparte, en un ejercicio de polarización negativa, como único filtro y argumento.

Hasta ahora, la búsqueda de verdad y justicia nos remite a verdades, en plural, dependiendo del foco de sus actores, que se “resuelven” transitoriamente en elecciones y no en la JEP. El Acuerdo con las Farc, con alcance constitucional, está sujeto a leyes como las de la física, la realidad de las finanzas públicas y las no escritas sobre su viabilidad política, si consideramos que la misma Corte Constitucional, garante de la Constitución Política, debe velar por su cumplimiento. La “paz grande”, como la ha llamado el padre De Roux, fue en su momento el acuerdo que para muchos quedó faltando y llamamos “de Bogotá” o, según Uribe, el pacto nacional que no se firmó antes ni después de los acuerdos pese a los resultados del plebiscito. Para quienes ganaron con el No, lo sucedido fue y sigue siendo un “conejo” que desconoció sus mayorías, una realidad incontrovertible.

Más que “verdades” para alcanzar la verdad, histórica si se quiere, no es suficiente una Comisión como establece el Acuerdo con las Farc. El origen de la guerrilla colombiana, un movimiento de origen campesino conectado en los 60 con la Revolución cubana, la Rusia posestalinista y la China de Mao, es diferente al conflicto que le sucedió, financiado y promovido por el narcotráfico y las rentas ilegales, ajeno a cualquier motivación ideológica o política. El Acuerdo firmado con las Farc tiende a reconocer los grupos y solicitudes remanentes de ese periodo, pero, como se ha visto, no logra terminar la influencia perversa del narcotráfico ni las malas costumbres heredadas luego de un fuerte choque cultural que cambió las conductas de los colombianos. De manera objetiva, tal puede ser una versión sintética de verdad, aunque no sirva para motivar electores apasionados.

Read more!

Para quienes votaron No en el plebiscito, fue exagerado el reconocimiento a la Comisión y a los acuerdos realizado por Uribe al recibirlos. Para quienes votaron Sí se trató de una concesión exagerada visitarlo. Estereotipos, filtros, conveniencia política y años de polarización hacen su trabajo.

No es sencilla la tarea de De Roux ni su objetivo de conseguir una “paz grande”, mas no por ello menos razonable. Puede ser que, para quienes aspiran a ver vencidos o arrodillados a sus opositores, un acuerdo con reconocimientos políticos no resulte suficiente. Tampoco una ley de amnistía, para quienes han olvidado que el firmado con las Farc fue un acuerdo político y que el uribismo ganó el plebiscito y cuatro de las últimas cinco elecciones presidenciales. La verdad histórica y objetiva, también política, como se ha demostrado en todas partes del mundo, no siendo óptima puede ser la mejor, superior en todo caso a la revancha.

La proximidad de las elecciones puede convertir el momento en una extensión de la polarización y las presidenciales anteriores o hacer posible un acuerdo por esa “paz grande”, como avanzó De Roux, colocando el tema fuera del debate. A Colombia le conviene, más que una eterna disputa argumentando la verdad de cada uno, insistir, buscar y encontrar ese principio de consenso.

@herejesyluis

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.