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Para el Pacto viene una derrota histórica, pero se trata de una autoinfligida. Las elecciones regionales serán un indiscutible termómetro para medir el desempeño del gobierno. Se puede anticipar una derrota del Pacto y los sectores afines que solo puede imputarse a una difusa, contradictoria y errática gestión del gobierno nacional. Está dilapidando una enorme oportunidad para la misma izquierda a la que hace quedar mal con un discurso ideologizado y trasnochado.
Como le sucedió al presidente Boric en Chile, Petro ha venido perdiendo el apoyo de sectores que, temporalmente, logró convencer para ganar. Su permanente llamado a la polarización; su reiterada negación de la realidad, en aspectos sensibles para sectores importantes de la población, le está dejando solamente con el respaldo del núcleo “duro” que le apoyó: el 14 % que en Colombia se califica como de “izquierda” y una fracción del 44,3 % que históricamente se ha calificado como de centro (DANE).
Lo que le ocurre es natural si se considera que ha dirigido su Twitter y sus discursos para satisfacer a esa izquierda; a sus fanáticos, profundizando un abismo con el resto de sus electores y de la población. El asunto ha evolucionado al punto que su frecuente amenaza con las calles comienza a obtener respuestas, pudiendo observarse que la movilización de los reservistas, por ejemplo, tuvo más concurrencia que sus anunciados balconazos, sin que se pueda calificar, ni más faltaba, como un golpe de Estado. Ojalá la situación no derive, como ocurrió en Venezuela, en marchas y contramarchas, un escenario que le ha sido útil a esa dictadura para reafirmar su autoritarismo y calificar como golpista para exiliar, encarcelar o silenciar a quienes se atrevan a pensar diferente.
Sus adversos resultados en las encuestas confirman esa interpretación. En democracia, a diferencia de las dictaduras, se pierde gobernabilidad si las políticas no son consensuadas y solo intentan satisfacer a una minoría. De acuerdo con todos los estudios conocidos la izquierda en Colombia a quien va dirigido el discurso del gobierno, aunque no guste a Petro y sus seguidores, ha sido y es una minoría que tenía esperanzas en este gobierno para extender sus simpatías a sectores de centro. Como van las cosas será el primer gobierno de “izquierdas” en mucho tiempo, pudiendo ser el último, también en mucho tiempo.
Justamente esas encuestas anticipan lo que ocurrirá en las alcaldías de las más importantes capitales a escasos meses de la elección. Una tendencia creciente confirma que en Bogotá solo el 28 % respalda ahora a Petro; en la región central el 25 % y en la oriental el 23 %. En las regiones Caribe y Pacífico, donde ganó en las presidenciales, ahora también pierde (Datexco). Estas cifras coinciden con el vertiginoso ascenso en la desaprobación de la gestión del presidente que se triplicó pasando de 20 % en agosto a 57 % en abril (Invamer).
Se debe considerar para cualquier análisis, con las características y percepción de los candidatos, el desempeño y aprobación de los actuales gobiernos regionales, así como las nuevas alianzas. Teniendo en cuenta que en Bogotá, donde Petro obtuvo casi el 60 % de los votos, ahora solamente cuenta con un 28 % de aprobación, tendremos segunda vuelta pudiéndose descartar el triunfo de alguno de sus fieles escuderos. Algo parecido ocurre en Medellín donde el actual alcalde, cercano a Petro, también ha perdido desde agosto un 32 % de su aprobación (Invamer). Nada hace pensar que en Barranquilla, Cali o el resto del país las cosas serán diferentes. No se trata de que alguien esté fabricando un “golpe de Estado”, como ha señalado un despistado presidente. Lo que ocurre se parce más a un autogolpe de opinión generado por sus propias equivocaciones.
