Más que considerar el triunfo de Boric como el de alguna ideología, se puede observar como el curso normal de la alternación en democracia. La oposición tiene la misión y el deber de buscar y acceder al gobierno pero, de ninguna manera, perpetuarse en él, como ocurre en Cuba, Nicaragua o Venezuela, un club de dictaduras al que esperamos no ingrese ahora Chile. Boric, a quien corresponde hacer el tránsito, rápidamente, de agitador a administrador, afronta una delicada tarea. ¿Ocurrirá lo mismo en Colombia como vaticinan algunos?
La elección de Boric es una respuesta histórica al golpe de Estado de 1973 y sus secuelas. Una réplica tardía a la dictadura que, casi 50 años después, conseguirá en 2022 plasmarse en una nueva constitución, esperamos, democrática, pero no revanchista. La nueva constitución debe referirse a acuerdos y consensos sobre aspectos fundamentales en los que los ciudadanos coinciden. La opinión del 44% de chilenos que votaron por Kast debe ser considerada si no se quiere perpetuar un ciclo lamentable.
El reto de Boric se refiere a gobernar de la mejor manera para todos los chilenos, una tarea compleja dada la realidad del país y sus promesas de campaña. Mientras sus seguidores esperan saldar cuentas con el pasado, Boric debe afrontar y resolver los problemas del presente. La perspectiva de actualizar y democratizar el sistema impositivo, el acceso a la salud y el régimen pensional parecen objetivos necesarios y realizables. Algo más complicado será transformar la estructura productiva y la de sus exportaciones. Con un país politizado y en efervescencia, tendrá que mostrar resultados en muy corto plazo.
Para Boric, quien en 2011 emergió como destacado exponente de la primera línea chilena, puede ser complicado transformarse de la noche a la mañana en un eficiente gobernante, como él mismo lo ha reconocido. Cuenta a su favor con importantes antecedentes de gobierno participativo en su país en el frustrado periodo de Salvador Allende, cuyo mejor exponente fue el exministro de economía, mi profesor, Carlos Matus, luego convertido en el más importante teórico de la planificación estratégica situacional, una trascendental herramienta de gobierno y de la alta dirección del Estado a nivel mundial. Esperamos que el nuevo presidente pueda afianzar su gobierno en los saberes de la escuela que ha dejado en el mundo el profesor Matus más que en los ánimos de retaliación de muchos de sus seguidores o en la fracasada ideología del caduco Partido Comunista que le respaldó. Ojalá se parezca su gobierno más a Lula que a Maduro, por el bien de los chilenos y del continente.
¿Tendrá efectos en Colombia la elección de Boric? No es probable que el acuerdo de libre comercio, firmado entre Colombia y Chile y vigente desde 2009, sea sometido a ajustes o revisión. En cambio, lo será la participación de Chile en el grupo de Lima, dejando aún más expuesta a la oposición venezolana y a la situación creada en Colombia por el ingreso de 2 millones de migrantes. La nueva actitud de Chile no es difícil de vaticinar si tenemos en cuenta las posturas respecto a Colombia de la comisionada Michelle Bachellet: pese a su cargo en la ONU, respaldó de frente al ahora presidente y su oficina expidió un informe decididamente politizado sobre lo ocurrido en Colombia en las protestas.
¿Tendrá efectos la elección de Boric en nuestras elecciones de 2022? ¿Continuará el fantasma del “izquierdismo” recorriendo a América Latina? Como están las cosas es probable que ocurra, pero los procesos y la cultura política de los dos países son bastante diferentes. Colombia no ha sido un laboratorio de las políticas neoliberales, pese a su influencia y a su utilización como consigna política por la oposición. Diferentes gobiernos, como el actual, han intervenido decididamente en la economía cuando ha sido necesario. Tampoco estamos en la salida de una dictadura ni se escuchan voces contra una constitución- el hecho político que catapultó a Boric - de la que nos sentimos orgullosos y en la que tuvo cabida, recientemente, un acuerdo con las FARC después de medio siglo de conflicto armado.
Como en Chile, sin embargo, ha hecho estragos una polarización, exacerbada en las redes, que se podría desvanecer si el centro consigue un candidato de unidad que le permita expresarse. Por otra parte, Chile no tiene un vecino-espejo, como Maduro en Venezuela, un hecho que seguirá teniendo notoria influencia en nuestras elecciones.
P.D: Quienes se “aterran” con la recién expedida Ley de Seguridad Ciudadana, o la utilizan como anzuelo electoral, deben considerar que muchos en el país están de acuerdo con ella luego de los excesos de los vándalos en las movilizaciones. Ninguna democracia puede esperar inerme su liquidación. No es democrático criminalizar la protesta ciudadana pero tampoco la actuación de las instituciones al satanizar cualquier principio de autoridad y protección de los derechos y la vida de los “demás” como principio.