La propuesta de crear una comisión binacional proyectada en el congreso de Colombia es, en las circunstancias, descabellada e inconstitucional, pero es una expresión de graves problemas sin resolver en la frontera, agudizados por la dictadura de Maduro. Un llamado de atención para consolidar una estrategia de Estado que garantice continuidad en las políticas. ¿Qué pensarán nuestros candidatos presidenciales?
Los problemas en la frontera necesitan soluciones prácticas y pronto. Acostumbrados a “saludar la bandera”, mucho más en periodos preelectorales, los senadores aprobaron una muy popular, sustentada en buenas intenciones. Ante un hecho político de esa magnitud no parece suficiente reclamar el fuero presidencial en el manejo de las relaciones exteriores. Es indispensable garantizar continuidad en una estrategia que proteja nuestra imperfecta y amenazada democracia.
Las señales son múltiples; Venezuela queda “aquí”. La hostilidad e intereses de la dictadura coinciden con las bandas criminales que acampan y actúan en su territorio y con un enorme problema social que se nota más en el Catatumbo y Arauca, pero se empieza a sentir con fuerza en Cúcuta y todo Norte de Santander. Desde Maquiavelo sabemos que, al príncipe, aunque Maduro no lo sea, le conviene incentivar los problemas de su vecino para mantenerle “ocupado”. Si la situación actual se mantiene o empeora al régimen le conviene.
Ante la falta de comunicación entre gobiernos la iniciativa ha sido de los líderes empresariales y la ciudadanía. La cándida postura del congreso recoge ese sentir. No se trata solamente de la desaparición, más bien ilegalización, de un comercio histórico remitido a las trochas por una decisión unilateral de la dictadura en una región integrada de manera natural por las costumbres, la integración familiar, la historia y las fuerzas del mercado.
La crisis política ocasionada por el régimen de Maduro ha superado las dinámicas internas y su salida hoy no depende solo de los venezolanos. En el juego geopolítico global, China y Rusia han apostado con fuerza mientras Estados Unidos, histórico aliado de Colombia, no logra superar el fracaso de su política y de la opción Guaidó en la administración Trump. El gobierno Biden, sin aclarar una estrategia frente a regímenes como los de Venezuela o Nicaragua, recomienda una salida democrática, pero, después de tantas dilaciones, no plantea -o no se conoce- una propuesta articulada y realista para conseguirla.
Pese a las declaraciones del presidente Duque la semana pasada, según las cuales “Mientras yo sea el presidente de Colombia y en defensa de la carta democrática y valores, no vamos a reconocer la dictadura de Nicolás Maduro”, algún mecanismo se debe considerar. Con la apertura de la frontera, por ejemplo, no estamos reconociendo legitimidad a la dictadura de Maduro sino principios de humanidad. Las decisiones de sistemas políticos y gobiernos no pueden durar para siempre en contravía de las fuerzas de la economía y de la historia.
Alguna Vez García Márquez se refirió a lo absurdo del visado para ingresar en España como “pedir permiso para visitar a la mamá”. Lo mismo ocurre con el libre tránsito entre hermanos. Los gobiernos de Colombia, independientemente de su origen político – coincidiendo Santos y Duque hoy en orillas distintas- han actuado en consecuencia. Al expedir el estatuto de protección el gobierno Duque, deben reconocerlo sus amigos y sus detractores, ha honrado esa tradición.
Pero en democracia jugamos en desventaja. Con seguridad el 7 de agosto de 2022 el presidente Duque entregará el gobierno, mientras es muy probable - como ha ocurrido desde 1999- que Maduro o el actual régimen se mantengan, igual que en Nicaragua. Cualquier cosa puede ocurrir con nuestra querida Venezuela, y con Colombia también. Siendo la estrategia de Maduro posponer decisiones y ganar tiempo para consolidar su régimen, ¿podemos garantizar consistencia en nuestra política exterior después del 7 de agosto? Nuestra democracia está amenazada y necesitamos decisiones de Estado consistentes: los candidatos presidenciales tienen la palabra.