Los calificativos de “pendejo” y “huevon” utilizados, para descalificar, por el embajador en Venezuela para referirse a Juan Guaidó, por sus implicaciones exceden los que utilizamos, comúnmente, en el Caribe colombiano. ¿Trataba de quedar bien con Maduro para agradecer su hospitalidad o quiso decir que Maduro y los dictadores son avispados y los demócratas, además de arrollados e inermes, son “pendejos”?
Puedo dar fe de que Benedetti es un tipo descomplicado, simpático, chévere, informal y muy sociable. Como costeño se debe sentir mejor en el ambiente de Caracas que cubriéndose del frio en “chimeneas” como describiera, con razón, al clima de Bogotá nuestro Libertador. Aunque protocolos y maneras sean importantes, y también el debido respeto, si revisamos lo sucedido en Venezuela en los últimos 20 años, pueden ser lo de menos. Allí, paso a paso y poco a poco, se ha establecido una dictadura y venido demoliendo la democracia sin que se pueda afirmar que se trate de un país de pendejos, pudiéndose en cambio aseverar que Maduro es un dictador puro y duro, como oportunamente le recordó Macron a Petro en París y parece no recordarlo el embajador.
¿Serán avispados, como Maduro, Putin, Xi Jinping y Kim Jong-un? Deben serlo, para atornillarse al poder como lo han hecho, en una época en que un modelo fundamentado en verdades alternativas y abuso de las redes ha sido capaz de modelar una realidad paralela en la mente de muchos, al punto de ponernos a discutir sobre la inminente caducidad de una democracia de lentos consensos y transacciones, en su naturaleza, confrontada con la velocidad y capacidad de maniobra de los regímenes dictatoriales avispados que “controlan”, abusan, asesinan y violan los derechos humanos a conveniencia.
El modelo- suficientemente estudiado por la ciencia política- comienza con la construcción de una narrativa basada en supuestos generales en los cuales se camuflan sus reales objetivos. Una falsedad o media verdad, suficientemente repetida, como en la lógica matemática, termina convertida- por implicación- en verdad, en la mente de ciudadanos y electores. En el caso de bienes de consumo, la repetición sobre los efectos positivos de un producto- independientemente de su eficiencia- debe conducir al aumento de las cantidades demandadas. Tratándose de políticos y gobiernos, en este caso dictadores que no pueden ser confrontados, son suficientes para crear una base popular de áulicos que respalde sus desafueros, fortaleciendo el núcleo de su discurso: la permanente polarización que los llevó al gobierno y luego sirve para justificar sus crímenes a nombre del “pueblo” que dicen representar.
Las relaciones con Venezuela están fundadas en nuestros lazos económicos, históricos, culturales y geográficos. En todo lo que compartimos y compartiremos. Queremos creer que las relaciones con el régimen de Maduro se pueden explicar por razones humanitarias y pragmáticas, criterios que Benedetti embajador debe tener muy claros en sus expresiones y conducta. No es suficiente ofrecer disculpas por lo afirmado. Las diferencias entre el régimen y la fragmentada, encarcelada y exiliada oposición venezolana no pueden ser observadas ni tratadas en condiciones de igualdad. No mientras en Colombia sigamos definiéndonos como un país democrático y en Venezuela gobierne una dictadura.
Posdata 1: Por razones similares tampoco es suficiente el cambio de dos palabras en el proyecto de ley de humanización del sistema penitenciario, para hacernos olvidar que se trataba de un intento de censura mediante el cual quedaríamos obligados a publicar contenidos ajustados a sus orientaciones. También incluía su aprobación por el Consejo Superior de Política Criminal, órgano que nos controlaría. A punta de medidas como esa Venezuela pudo llegar al lugar en que se encuentra.
Posdata 2: A propósito de Venezuela, la reciente encuesta de Invamer muestra que desde junio un 28% más de colombianos considera que Colombia se dirige a la situación que tiene Venezuela. Quienes piensan así pasaron del 41.8 al 53.7%.
Posdata 3: Le vienen bien a Colombia y a nuestra economía las aclaraciones del ministro Ocampo, según las cuales se permitiría nueva exploración de petróleo y gas. Deben ser celebradas incluso por quienes hasta la semana pasada afirmaban que en la desconfianza e incertidumbre reflejadas en el precio de dólar no influían las declaraciones de altos funcionarios en sentido contrario. En este caso tampoco es suficiente el “podría”. El gobierno, de una vez por todas, debe explicar su postura con total claridad.