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Distractores y mala gestión

Luis Carvajal Basto

20 de agosto de 2023 - 09:00 p. m.
"El gobierno responde con consignas que calan en su auditorio, pero de difícil realización. Las más de las veces, superan su realidad política y su periodo de gobierno" - Luis Carvajal.
Foto: El Espectador
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Habiendo pasado un año el gobierno no consigue articularse como un cuerpo sólido como lo confirma su descoordinación y la frecuente rotación de ministros y altos funcionarios. Dejando ver que le molestan los contrapesos del sistema político tampoco se sincroniza con otras ramas del poder como el Congreso -en el que perdió mayorías-, la Fiscalía o la Procuraduría y frecuentemente descalifica a periodistas y medios que se apartan de su “verdad”. A nivel administrativo su ruptura con los gobernadores constata su disfuncionalidad. Los problemas de gestión, de la que dependen eficacia y eficiencia de cualquier gobierno, son evidentes. Como respuesta intenta cambiar la agenda pública distrayendo las complicaciones del presente con promesas de futuro sin superar su faceta de exitoso candidato. A cambio de diseñar y ejecutar políticas, como corresponde, se limita a anunciarlas. Continúa polarizando en un momento en que necesita convocar unidad.

La frase del presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, según la cual “el país es de todos: deben entender que los que no somos ellos tenemos algo que decir”, define bien la manera como el gobierno es percibido por quienes no hacen parte del núcleo duro de sus electores, para quienes trina y gobierna exclusivamente. Tal percepción ha sido registrada en encuestas y será confirmada en las próximas elecciones reafirmando que, a diferencia de sus tiempos de candidato, para gobernar -al menos democráticamente- no funciona una deliberada estrategia de polarización.

Las promesas en campaña suelen ser optimistas y difusas mientras los problemas del presente -tiempo en que se desempeñan los gobiernos- son complejos y exigentes. Una lista corta de los más relevantes puede comenzar por el inminente receso de la economía y la abrupta reducción de la inversión (24 %), motivada por la alta incertidumbre; el inocultable deterioro de la seguridad y el orden público y la escasa capacidad de gestión evidenciada en las bajas cifras de ejecución. No puede omitirse el cuestionamiento y la pérdida de gobernabilidad ocasionados por el cuestionamiento a la legitimidad de su elección con origen en sus propias filas y no en una oposición consistente que no tuvo en las elecciones y tampoco tiene ahora.

Ante el decrecimiento económico ya registrado -este sí real- nadie debe mostrarse sorprendido. Confirmando previsiones, el crecimiento se detuvo situándose en terreno peligroso haciendo indispensable su liderazgo en una actitud más armónica que de confrontación. Desde un punto de vista propositivo es razón suficiente para invocar unidad y lograr acuerdos.

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Una deseable -aunque no tan no realista- expectativa de “paz total”, por conseguir, ha deteriorado gravemente la calidad de vida de los colombianos en el presente, como testimonian los datos sobre el número de masacres, el crecimiento exponencial del secuestro y la inseguridad en las ciudades y en el campo, al punto que 380 municipios se han considerado en riesgo electoral. Gobernadores y alcaldes, cercana expresión institucional en el territorio, han expresado, en una sola voz, su insatisfacción ante el gobierno, un hecho inédito que no se puede minimizar.

El gobierno responde con consignas que calan en su auditorio, pero de difícil realización. Las más de las veces, superan su realidad política y su periodo de gobierno. Renegociar el TLC con Estados Unidos, por ejemplo, puede sonar “bien” entre su audiencia, pero requiere de la aprobación de los dos congresos. ¿Tiene el gobierno mayorías en alguno de ellos? ¿De dónde resultará una mayor capacidad de negociación para imponer nuevas condiciones?

La administración pública, como reiteradamente se ha reclamado desde esta columna, se ha transformado en las últimas décadas, independientemente de consideraciones ideológicas e incluso políticas. ¿Mejorará la gestión pública y la ejecución con amenazas de despido a sus ministros? Para lograr eficacia y combatir la corrupción son más eficaces hoy que amenazas las herramientas del gobierno digital. Así lo han confirmado la OCDE, la CEPAL y las administraciones públicas desde Reino Unido, Estados Unidos o Brasil hasta los gobiernos locales más pequeños de nuestro país. Las sociedades del siglo XXI disponen de recursos diferentes que los administradores del siglo antepasado. No se trata de promesas sino de buena gestión. A cambio de espejismos, promesas y críticas, propias de los candidatos, el presidente podría intentar vendernos un discurso de realizaciones. Dé unidad y no de confrontación

@herejesyluis

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