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Duque, en el último tercio

Luis Carvajal Basto

14 de febrero de 2021 - 10:00 p. m.

En el atardecer de su gobierno el presidente se ve forzado a proponer una nueva reforma tributaria para la que contará con escaso capital político en un año preelectoral. Cabe esperar que, en ese escenario, partidos y movimientos mantengan fuera del fragor de las campañas las decisiones sobre salud pública.

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“En tierra derecha”, relatan los narradores hípicos cuando los jinetes se aproximan a la última curva. En ese lugar se encuentra el presidente Duque en su segundo año de pandemia, apremiado por la necesidad de reactivar la economía y el cumplimiento del plan de vacunación. Por primera vez desde 2002, es un presidente que no se postulará a su reelección, un factor que poco se considera si observamos las críticas que merece, por ejemplo, su programa de televisión, una herramienta de gobierno necesaria en un momento excepcional.

¿Ha sido el suyo un gobierno de “derechas”? El presidente mantuvo una línea de independencia al respaldar, por ejemplo, el Acuerdo de París cuando el gobierno Trump se separó de él. Ha cumplido, en lo posible, los acuerdos firmados con las Farc en aras del consenso social, pese a que una mayoría de su electorado y del país en el plebiscito los rechazaron. El estatuto de protección para los migrantes venezolanos, una manera de privilegiar los derechos humanos, se ha constituido en un ejemplo para el mundo. Más bien, se puede calificar su gobierno como uno de corte pragmático.

El ambiente de gobierno, como el de todos los mandatarios del mundo, ha resultado más complejo de lo habitual y aunque ha ejecutado y seguirá haciéndolo –al aprobar un Conpes que puede costar $135 billones- mucha más inversión y gasto público para dinamizar la economía y restablecer los empleos, la proximidad del debate presidencial influirá negativamente en su gobernabilidad, en un momento en que el país necesita el cumplimiento de las metas de reactivación y salud. El indicador más importante para el restablecimiento de la economía será el de vacunación. Vacunar a todos oportunamente y crear las condiciones para restablecer la economía no deberían ser objeto de discusión y, más bien, ameritan un consenso nacional.

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Los desafíos para mantener la economía y el país funcionando a niveles, digamos, aceptables son inmensos, en un mundo en que todas las opciones de recuperación dependerán del éxito global de los programas de vacunación, una variable con la que hasta hace muy poco los modelos económicos y de gobierno no contaban. En Colombia la deuda externa -como porcentaje del PIB -que ya se había duplicado entre 2013 y 2016 en los gobiernos anteriores- ha llegado a unos niveles cercanos al 55% en noviembre, acentuándose una tendencia también negativa en el déficit fiscal, lo que ha llevado al gobierno a buscar herramientas para su estabilización en el mediano y largo plazo.

Los desafíos para mantener la economía y el país funcionando a niveles, digamos, aceptables son inmensos, en un mundo en que todas las opciones de recuperación dependerán del éxito global de los programas de vacunación, una variable con la que hasta hace muy poco los modelos económicos y de gobierno no contaban. En Colombia la deuda externa -como porcentaje del PIB - que ya se había duplicado entre 2013 y 2016 en los gobiernos anteriores- ha llegado a unos niveles cercanos al 55% en noviembre, acentuándose una tendencia también negativa en el déficit fiscal, lo que ha llevado al gobierno a buscar herramientas para su estabilización en el mediano y largo plazo.

Sabemos que “no hay deuda que no se pague ni plazo que no se cumpla” pero debería auscultarse, en una circunstancia excepcional, su morigeración y apaciguamiento temporal. En ausencia de una coordinación global que reconozca los efectos de la pandemia, se trata de negociar con las instituciones de crédito y calificadoras de riesgo unas metas que Colombia, un país que siempre ha cumplido sus compromisos y mantenido su credibilidad crediticia, puede, con una perspectiva de crecimiento del 5% en 2021, continuar atendiendo. En ausencia de decisiones multilaterales sobre los efectos fiscales de la pandemia, la reforma tributaria en perspectiva trata de garantizar unas finanzas estables en el largo plazo más que resolver problemas de caja del actual gobierno.

Pero ello no será obstáculo para que diferentes sectores políticos, incluidos aquellos afines al gobierno con asientos en su gabinete, se aparten de la propuesta de reforma en plena campaña para las elecciones de Congreso y presidenciales. Ningún momento más complicado para una reforma de impuestos que el actual y el año que se avecina, haciendo prever que será compleja la gobernabilidad. Independientemente de las preferencias e intereses políticos de cada quien, conviene no perder de vista que este último tercio del gobierno Duque, que representa a todos los colombianos, será decisivo para el país y no solo para sus amigos, contradictores o candidatos.

@herejesyluis

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